Tengo un amigo que decía (supongo que lo sigue diciendo, pero ya no seguimos hablando de eso) que lo contrario de saber no es ignorar, sino creer. Ignorar te permite aprender, pero creer no.
Sin embargo, aquí, no puedo evitar trasladar tus palabras a mis propias experiencias e ideas. He hecho tantas veces un símil entre la fe (la fe religiosa) y el amor, que ya no sé si puedo evitar verlo mezclado. Aquí te lo mezclo; al fin y al cabo el primer verso indica que el poema se dirige a una persona (o al menos a una entidad personificada).
El sentimiento es parte de nuestra naturaleza, pero ocurre a un nivel inconsciente, no controlado, y en ese sentido, cuando me paro a valorarlo racionalmente (que no siempre lo hago y también a veces me dejo llevar), pienso que no es libre porque no es elegido, porque no responde a la voluntad, no responde al libre albedrío. Así, aun siendo parte de nuestra naturaleza, es al mismo tiempo algo ajeno, impuesto. Parece que podemos aceptarnos con nuestras vulnerabilidades y peculiaridades y conformarnos o intentar superar y trascender nuestra propia naturaleza, pensando que cuanto más nos acerquemos a la verdad, siempre será mejor, aunque eso signifique no volver a contemplar esa luz embriagadora. Y la fe me parece lo mismo. Tal vez el amor es un poco la fe de los ateos. Y esa también se puede acabar perdiendo.
Pero me he ido por las ramas, porque al final en lo que más me identifico del poema es en esa creación de la ilusión exagerada que tarde o temprano se enfrenta a una realidad, o peor, a otro espejismo del polo opuesto, y sí, toda la mirada se va en un parpadeo, toda la verdad de las palabras se va en un silencio. Me descoloca un poco este verso: "como si todo fuera externo". ¿Es que acaso no lo es? ¿Cuánto había en esa creencia que fuera realmente tuyo (tuyo=interno=elegido)? Pero hoy por hoy, parece que es así o nada.