Lírico.
Exp..
Atención
Atento a las señales
izando en su constancia el sano juicio
que quiere revelarnos un tesoro.
No tiene prisa el aire, ni se ofusca
el azul en su exacta prospección
de los eventos
con apariencia rauda. La espiral
de máscaras, disfraces, locuciones,
fijadas en la hondura
del tiempo sin tapujos
no debe descarriarnos en tiniebla.
Siempre hallará la claridad camino
para nuestro deseo de elevarnos.
Siempre apuntalará nuestra nobleza
el tierno balbuceo
con el que la verdad
sabe expresar sus joyas
en la modesta fuente que nos sacia.
Acaso no podamos
jamás deshacer el nudo oscuro
de un lazo que nos ciñe
al alma sus minutos por el barro.
Mas no por ello deben
cesar limpios los sueños
de perfilar, felices, sus hogares
dentro del corazón
dispuesto a amar.
Atentos al sonido de las hojas
que mudas nos asocian
al trémulo convenio de la paz.
No apartemos los ojos
de tanta valentía originada
en la sólida costumbre que no acaba
por pronunciar su nombre
mientras muy mansamente
nos quiere y nos descubre.
Atento a las señales
izando en su constancia el sano juicio
que quiere revelarnos un tesoro.
No tiene prisa el aire, ni se ofusca
el azul en su exacta prospección
de los eventos
con apariencia rauda. La espiral
de máscaras, disfraces, locuciones,
fijadas en la hondura
del tiempo sin tapujos
no debe descarriarnos en tiniebla.
Siempre hallará la claridad camino
para nuestro deseo de elevarnos.
Siempre apuntalará nuestra nobleza
el tierno balbuceo
con el que la verdad
sabe expresar sus joyas
en la modesta fuente que nos sacia.
Acaso no podamos
jamás deshacer el nudo oscuro
de un lazo que nos ciñe
al alma sus minutos por el barro.
Mas no por ello deben
cesar limpios los sueños
de perfilar, felices, sus hogares
dentro del corazón
dispuesto a amar.
Atentos al sonido de las hojas
que mudas nos asocian
al trémulo convenio de la paz.
No apartemos los ojos
de tanta valentía originada
en la sólida costumbre que no acaba
por pronunciar su nombre
mientras muy mansamente
nos quiere y nos descubre.
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