elissp
Poeta recién llegado
Con pluma en mano, con la tenue luz que me molesta,
Ese bullicio de los mantos de la ciudad hoy cubre mi tristeza,
En insoportable alarido de penas y delirios.
Estropeado corazón que no logra discernir los colores de fondo,
Es verdoso, azul, puede que lila o tal vez marón,
Más el negro ha ganado sepulcral puesto en mi atención.
Hoy el llanto se ha convertido en el líquido precioso,
Derramado como plata derretida con esmero,
Agujereando los rincones, llevándoselo todo.
Fue acaso el incienso jugando con pólvora maldita,
O el preludio de la noche que precede la tormenta.
Taciturna camino entre vientos noctámbulos,
En los recodos de la noche en que mi vida se deshace,
Cubierta en un alud de sombras y neblina.
El litigio ha comenzado y esa luna fatua precede el juico,
Las nubes se aglomeran y me miran con desdén,
¡Oh, si el cielo me escuchara!
Le diría tiernamente que me resguarde del silencio.
Ahora me encuentro en este lúgubre atolladero,
En un frenesí de miedos y desilusiones esperando mi destino.
Ese bullicio de los mantos de la ciudad hoy cubre mi tristeza,
En insoportable alarido de penas y delirios.
Estropeado corazón que no logra discernir los colores de fondo,
Es verdoso, azul, puede que lila o tal vez marón,
Más el negro ha ganado sepulcral puesto en mi atención.
Hoy el llanto se ha convertido en el líquido precioso,
Derramado como plata derretida con esmero,
Agujereando los rincones, llevándoselo todo.
Fue acaso el incienso jugando con pólvora maldita,
O el preludio de la noche que precede la tormenta.
Taciturna camino entre vientos noctámbulos,
En los recodos de la noche en que mi vida se deshace,
Cubierta en un alud de sombras y neblina.
El litigio ha comenzado y esa luna fatua precede el juico,
Las nubes se aglomeran y me miran con desdén,
¡Oh, si el cielo me escuchara!
Le diría tiernamente que me resguarde del silencio.
Ahora me encuentro en este lúgubre atolladero,
En un frenesí de miedos y desilusiones esperando mi destino.