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Atrévete a detenerme

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Si decido que seas mía,
¿quién podrá detenerme, cielo?
Mi corazón no conoce freno,
en tus brazos hallaría consuelo.

Un deseo ardiente, sin barrera alguna,
tu alma con la mía, destinadas a encontrarse.
Si decido amarte, vida pura,
¿quién, oh quién podría apartarme?

En el juego de la eternidad y un día,
nuestros suspiros se tejen como el destino,
y cada encuentro es una poesía,
un universo donde lo divino se hace camino.

Bajo la luna, testimonia de nuestra danza,
los astros alinean en un susurro tu nombre.
El amor, esa bestia sin balanza,
pesa en mi pecho, un fuego que no esconde.

La ciudad se convierte en laberinto,
y cada calle me lleva a tu esencia,
como si cada paso fuera un rito,
una ceremonia sagrada en tu presencia.

Pero si decido que seas mía,
como declama el viento entre las hojas,
quedarán las dudas, ¿será solo fantasía?
o el palpitar de dos almas que se antojan.
 
Si decido que seas mía,
¿quién podrá detenerme, cielo?
Mi corazón no conoce freno,
en tus brazos hallaría consuelo.

Un deseo ardiente, sin barrera alguna,
tu alma con la mía, destinadas a encontrarse.
Si decido amarte, vida pura,
¿quién, oh quién podría apartarme?

En el juego de la eternidad y un día,
nuestros suspiros se tejen como el destino,
y cada encuentro es una poesía,
un universo donde lo divino se hace camino.

Bajo la luna, testimonia de nuestra danza,
los astros alinean en un susurro tu nombre.
El amor, esa bestia sin balanza,
pesa en mi pecho, un fuego que no esconde.

La ciudad se convierte en laberinto,
y cada calle me lleva a tu esencia,
como si cada paso fuera un rito,
una ceremonia sagrada en tu presencia.

Pero si decido que seas mía,
como declama el viento entre las hojas,
quedarán las dudas, ¿será solo fantasía?
o el palpitar de dos almas que se antojan.
A él amor nada lo detiene.
Dulces versos.

Saludos
 
Si decido que seas mía,
¿quién podrá detenerme, cielo?
Mi corazón no conoce freno,
en tus brazos hallaría consuelo.

Un deseo ardiente, sin barrera alguna,
tu alma con la mía, destinadas a encontrarse.
Si decido amarte, vida pura,
¿quién, oh quién podría apartarme?

En el juego de la eternidad y un día,
nuestros suspiros se tejen como el destino,
y cada encuentro es una poesía,
un universo donde lo divino se hace camino.

Bajo la luna, testimonia de nuestra danza,
los astros alinean en un susurro tu nombre.
El amor, esa bestia sin balanza,
pesa en mi pecho, un fuego que no esconde.

La ciudad se convierte en laberinto,
y cada calle me lleva a tu esencia,
como si cada paso fuera un rito,
una ceremonia sagrada en tu presencia.

Pero si decido que seas mía,
como declama el viento entre las hojas,
quedarán las dudas, ¿será solo fantasía?
o el palpitar de dos almas que se antojan.
Muy buen versar. Me ha encantado. Un abrazo con la pluma del alma
 
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