Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Es cierto, me atrevo a buscarte, me atrevo a mirarte,
me atrevo a mirar tus ojos y ver que los desvías,
me atrevo a enfrentar la indiferencia, el silencio, ausencias de tu mirada,
me atrevo a ser el bufón, ese que hace reir y del que se ríen,
me atrevo a la burla, me atrevo a la sorna, me atrevo al descanso, me atrevo,
a buscarte,
seguirte,
dejarte descansar, para luego volverte a buscar,
me atrevo, y pienso que los meses se vuelven años se vuelven minutos,
esperando, paciente,
esperando, impaciente,
esperando, mil instantes,
doblar las esquinas, subir los peldaños, rodar y caer, volver a mirar al frente,
de repente llegan aquellos soldados de muerte,
aquellos que se nutren de la vida y de muerte,
de mis ruegos,
absurdos dobleces,
movimientos inertes,
quizás latentes,
por eso me atrevo,
y por eso no puedes,
no quieres, no sabes, no vienes,
pero me esperas,
con las hojas y muecas de placer y dolor me esperas,
con la incesante marea de tu cuerpo,
tus muslos, tus manos ondulantes,
frecuentes, que se alzan,
que se nublan,
que me miran,
que se encogen,
por eso me atrevo,
porque tú no puedes.
me atrevo a mirar tus ojos y ver que los desvías,
me atrevo a enfrentar la indiferencia, el silencio, ausencias de tu mirada,
me atrevo a ser el bufón, ese que hace reir y del que se ríen,
me atrevo a la burla, me atrevo a la sorna, me atrevo al descanso, me atrevo,
a buscarte,
seguirte,
dejarte descansar, para luego volverte a buscar,
me atrevo, y pienso que los meses se vuelven años se vuelven minutos,
esperando, paciente,
esperando, impaciente,
esperando, mil instantes,
doblar las esquinas, subir los peldaños, rodar y caer, volver a mirar al frente,
de repente llegan aquellos soldados de muerte,
aquellos que se nutren de la vida y de muerte,
de mis ruegos,
absurdos dobleces,
movimientos inertes,
quizás latentes,
por eso me atrevo,
y por eso no puedes,
no quieres, no sabes, no vienes,
pero me esperas,
con las hojas y muecas de placer y dolor me esperas,
con la incesante marea de tu cuerpo,
tus muslos, tus manos ondulantes,
frecuentes, que se alzan,
que se nublan,
que me miran,
que se encogen,
por eso me atrevo,
porque tú no puedes.
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