Lucyfero
Poeta recién llegado
Aún ahora te siento dormidita,
Respirando sobre esta mano,
Que da savia a la letra abatida,
De este poema austero,
Sobre idas y despedidas.
Más que nunca te creo sentir,
Entre luces de la letra escrita,
Entre feas torturas inertes,
De toda una vida aburrida,
Exordio de la más vil muerte.
Porque todavía aún te creo
Ver entre mil rayos verdes,
Así como el color de tus ojos,
Color de un verano perenne,
Del que aún quedan rastrojos.
Porque todavía puedo sentirte,
Y creo que te estoy tocando,
Cierro los ojos e intuyo,
Que aún ahora me estas besando,
A mí a este capullo,
Que no se merece el trato,
Que este ángel le está dando.
Amor mío, aún creo que duermes,
Cuando en mi solitaria cama,
Fijo mi vista y mi mente,
Allí hacia donde dormiría mi ama,
Y en su izquierda o su poniente,
Cree este tonto sentir,
Que duerme con su bella dama.
Extiendo mi mano y percibo,
De la más leve de las proclamas,
Tu suave cuerpo adictivo,
El tacto de tu piel
Y todo el panorama,
De un amor para siempre definitivo.
Todavía tengo en mi vista,
Tu habitación que sustituye,
La mía que esta tan fría,
A la que no quiero siquiera tocar,
Pues no quiero ni puedo borrar,
El sentir sin la agonía,
De no poder verte, mi vida.
Cariño, no creas que no hay,
Amor después de no verme,
Y no llores porque no podamos,
Otra vez besarnos fuerte,
Pues el amor no se cimienta tan solo,
En el tacto o la visión,
El amor nace preso y cautivo,
Solito y dentro del corazón,
Y aún así sin cinco sentidos,
Puede crecer este amor.
Respirando sobre esta mano,
Que da savia a la letra abatida,
De este poema austero,
Sobre idas y despedidas.
Más que nunca te creo sentir,
Entre luces de la letra escrita,
Entre feas torturas inertes,
De toda una vida aburrida,
Exordio de la más vil muerte.
Porque todavía aún te creo
Ver entre mil rayos verdes,
Así como el color de tus ojos,
Color de un verano perenne,
Del que aún quedan rastrojos.
Porque todavía puedo sentirte,
Y creo que te estoy tocando,
Cierro los ojos e intuyo,
Que aún ahora me estas besando,
A mí a este capullo,
Que no se merece el trato,
Que este ángel le está dando.
Amor mío, aún creo que duermes,
Cuando en mi solitaria cama,
Fijo mi vista y mi mente,
Allí hacia donde dormiría mi ama,
Y en su izquierda o su poniente,
Cree este tonto sentir,
Que duerme con su bella dama.
Extiendo mi mano y percibo,
De la más leve de las proclamas,
Tu suave cuerpo adictivo,
El tacto de tu piel
Y todo el panorama,
De un amor para siempre definitivo.
Todavía tengo en mi vista,
Tu habitación que sustituye,
La mía que esta tan fría,
A la que no quiero siquiera tocar,
Pues no quiero ni puedo borrar,
El sentir sin la agonía,
De no poder verte, mi vida.
Cariño, no creas que no hay,
Amor después de no verme,
Y no llores porque no podamos,
Otra vez besarnos fuerte,
Pues el amor no se cimienta tan solo,
En el tacto o la visión,
El amor nace preso y cautivo,
Solito y dentro del corazón,
Y aún así sin cinco sentidos,
Puede crecer este amor.