Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me ha dormido tu aroma,
me secundan voces prohibidas,
si vienen del más allá dejaría
de oírlas. Lo sé, pertenecen a
tu voz que arrulla mi corazón
atravesado por la imprudente
flecha...
Si vuelves es porque tú quieres,
si recorremos juntos la costa es
porque me amas.
Topamos con un solitario quemando
alas.
De soslayo, sin recelo, miramos la
pleamar, el rumor aturde.
Cerca del espigón unas figuras
gesticulan
al vaivén de sus brazos aspas de molinos.
El abundante Océano cuenta
tu martirio,
para variar cuenta también
mi martirio.
Y más allá, embebidos en canciones
grotescas un grupo bambolea en
el viento frío.
A lo largo se extenderán cientos
de esas voces,
entretanto los golpes sordos
de las olas laboriosas
hostigarán enhiestos túmulos de rocas
incrustadas en la noche de la Playa.
A mi lado, tu canción se convierte
en un murmullo que se
prosterna en un acto sagrado de liturgia.
Ni tu nombre, ni tus ojos ensoñados,
ni tus mejillas rosadas,
ya serán pasaporte al olvido.
me secundan voces prohibidas,
si vienen del más allá dejaría
de oírlas. Lo sé, pertenecen a
tu voz que arrulla mi corazón
atravesado por la imprudente
flecha...
Si vuelves es porque tú quieres,
si recorremos juntos la costa es
porque me amas.
Topamos con un solitario quemando
alas.
De soslayo, sin recelo, miramos la
pleamar, el rumor aturde.
Cerca del espigón unas figuras
gesticulan
al vaivén de sus brazos aspas de molinos.
El abundante Océano cuenta
tu martirio,
para variar cuenta también
mi martirio.
Y más allá, embebidos en canciones
grotescas un grupo bambolea en
el viento frío.
A lo largo se extenderán cientos
de esas voces,
entretanto los golpes sordos
de las olas laboriosas
hostigarán enhiestos túmulos de rocas
incrustadas en la noche de la Playa.
A mi lado, tu canción se convierte
en un murmullo que se
prosterna en un acto sagrado de liturgia.
Ni tu nombre, ni tus ojos ensoñados,
ni tus mejillas rosadas,
ya serán pasaporte al olvido.
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