enrique_cayo
Poeta recién llegado
Aún hoy, aún hoy
Y veo ese brillo elemental en tus locos piercings mientras abres la boca,
y tras de ti el follaje de ese nuestro viejo árbol retorcido de dolor,
la brisa marina resfriándolo todo y el sol enrojeciendo la vida,
y siento que los metalitos le van bien a tu mirada de centelleante color.
Eres de esos ángeles que han venido expresamente a este mundo a matar,
eres la chica del puñal inesperado, de rosa en mano y sonrisa fácil.
Cuando regreso de los viajes de mi mente, ahí perdido en la Lima más inhóspita,
vienen a mí las sensaciones que me causan aún tu cuerpo.
La imposibilidad de atraparte en estas míseras palabras.
¿Cómo repetir el movimiento de tu sensualidad en estas delgadas formas negras?
El ritmo de tu respiración es mi máximo ideal estético.
¿Podría mi sangre coagulada ser cincelada e imitar las formas de tu risa?
El arte de repetirte.
Adivinaría en las sombras más tenues el salvajismo de tus cabellos.
Aún hoy, aún hoy.
Y veo ese brillo elemental en tus locos piercings mientras abres la boca,
y tras de ti el follaje de ese nuestro viejo árbol retorcido de dolor,
la brisa marina resfriándolo todo y el sol enrojeciendo la vida,
y siento que los metalitos le van bien a tu mirada de centelleante color.
Eres de esos ángeles que han venido expresamente a este mundo a matar,
eres la chica del puñal inesperado, de rosa en mano y sonrisa fácil.
Cuando regreso de los viajes de mi mente, ahí perdido en la Lima más inhóspita,
vienen a mí las sensaciones que me causan aún tu cuerpo.
La imposibilidad de atraparte en estas míseras palabras.
¿Cómo repetir el movimiento de tu sensualidad en estas delgadas formas negras?
El ritmo de tu respiración es mi máximo ideal estético.
¿Podría mi sangre coagulada ser cincelada e imitar las formas de tu risa?
El arte de repetirte.
Adivinaría en las sombras más tenues el salvajismo de tus cabellos.
Aún hoy, aún hoy.