AMANT
Poeta adicto al portal
Vi en tus ojos,
la quinta esencia,
vistiendo tus pupilas
hechas de noche y ternura;
el deseo sonriéndome,
y tus iris abrazando mi imagen
como jamás, ningunas, antes...
Anhelé la suavidad
de tus besos salvajes,
sicarios de la tristeza,
que el tiempo divinizaban
que de eternidad un hálito
me obsequiaban;
definíendo, con absoluta exactitud,
la música y la poesía
en total mutismo,
sin vocablos;
la tersura incomparable
de tu besos dulces,
que de celestes orgasmos
el alma mía, tuya, matizaban.
Apasionada como Icaro
quise enredar mis dedos
en los purpurinos bucles del Sol,
mientras dormía en la cuna de la luna;
encontrarte más allá de mis ensueños,
en esa banca, del mismo parque
al que nunca fuimos,
_enredar mi presente,mi pasado
y mi futuro, en tu historia_,
conjugarlos contigo...
Éxtasis doloroso, sentía,
que, a suspiros,
mi alma desgranaba;
fuego en el corazón,
que cual estrella,
en vez de titilar, palpitaba;
soledad acompañada;
una impetuosa
y creciente necesidad
de ti, de tu voz,
de tu presencia ausente...
Todo en torno a vos giraba.
De Copérnico y Galileo,
las ideas famosas,
para mí, eran erradas.
Y hoy...
Nada ha cambiado...
Sí, aún te amo...
la quinta esencia,
vistiendo tus pupilas
hechas de noche y ternura;
el deseo sonriéndome,
y tus iris abrazando mi imagen
como jamás, ningunas, antes...
Anhelé la suavidad
de tus besos salvajes,
sicarios de la tristeza,
que el tiempo divinizaban
que de eternidad un hálito
me obsequiaban;
definíendo, con absoluta exactitud,
la música y la poesía
en total mutismo,
sin vocablos;
la tersura incomparable
de tu besos dulces,
que de celestes orgasmos
el alma mía, tuya, matizaban.
Apasionada como Icaro
quise enredar mis dedos
en los purpurinos bucles del Sol,
mientras dormía en la cuna de la luna;
encontrarte más allá de mis ensueños,
en esa banca, del mismo parque
al que nunca fuimos,
_enredar mi presente,mi pasado
y mi futuro, en tu historia_,
conjugarlos contigo...
Éxtasis doloroso, sentía,
que, a suspiros,
mi alma desgranaba;
fuego en el corazón,
que cual estrella,
en vez de titilar, palpitaba;
soledad acompañada;
una impetuosa
y creciente necesidad
de ti, de tu voz,
de tu presencia ausente...
Todo en torno a vos giraba.
De Copérnico y Galileo,
las ideas famosas,
para mí, eran erradas.
Y hoy...
Nada ha cambiado...
Sí, aún te amo...
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