joel almo
Poeta recién llegado
En un día frío en las costas
atormentadas por las nubes,
caminé alguna vez con
el amor entre mis delgados
dedos de hule.
Resistentes y flexibles eran tus
brazos al unirse en la enredadera del
ventoso frío, se aromatizaban
los pescadores con tu boca salada
y el puerto sombrío y crujiente
murmuraba tu nombre en muelles
infinitos de sangre, de océano,
de pescados plateados.
En los caminos grises y esbeltos
resaltaba una gota roja en tus labios,
se extendían entre las margaritas de
tu barnizada geografía y me entregaba
la simpleza de tu risa.
Cantos, monedas, desordenados gorros
en el suelo, una orquesta dominical por las mañanas,
una taza de té, el aroma de las carnicerías rojas,
los rutinarios ojos del vendedor; todo, casi
todo abultado pasan por dos simples
enamorados, porque los enamorados
también aman en el suelo y se equivocan
besando espinas dolorosas.
Sentados en lo más recóndito de las rocas
me besabas, me besabas frente al mar
de los pelícanos tristes, frente a las crespas olas,
me besabas frente a todos esos personajes celestes,
éramos como barcos que navegan queriendo,
éramos invisibles peces amando.
Hoy también es un día frío en las costas
y los muelles asesinados están viviendo.
Todavía siguen allí mis manos delgadas,
pero ahora son tristes, ya no están con las tuyas.
atormentadas por las nubes,
caminé alguna vez con
el amor entre mis delgados
dedos de hule.
Resistentes y flexibles eran tus
brazos al unirse en la enredadera del
ventoso frío, se aromatizaban
los pescadores con tu boca salada
y el puerto sombrío y crujiente
murmuraba tu nombre en muelles
infinitos de sangre, de océano,
de pescados plateados.
En los caminos grises y esbeltos
resaltaba una gota roja en tus labios,
se extendían entre las margaritas de
tu barnizada geografía y me entregaba
la simpleza de tu risa.
Cantos, monedas, desordenados gorros
en el suelo, una orquesta dominical por las mañanas,
una taza de té, el aroma de las carnicerías rojas,
los rutinarios ojos del vendedor; todo, casi
todo abultado pasan por dos simples
enamorados, porque los enamorados
también aman en el suelo y se equivocan
besando espinas dolorosas.
Sentados en lo más recóndito de las rocas
me besabas, me besabas frente al mar
de los pelícanos tristes, frente a las crespas olas,
me besabas frente a todos esos personajes celestes,
éramos como barcos que navegan queriendo,
éramos invisibles peces amando.
Hoy también es un día frío en las costas
y los muelles asesinados están viviendo.
Todavía siguen allí mis manos delgadas,
pero ahora son tristes, ya no están con las tuyas.
Última edición: