Aún puedo sentarme junto a ti,
durante una cálida tarde de primavera
y clavarte desesperadamente la mirada,
contemplando tu figura con embelezo
y seguir encontrando esos lindos detalles,
que adornan cada fibra de tu cuerpo
y que maravillosamente me sorprenden.
Aún puedo cada mañana recordarte,
al despertar con la frescura de la aurora
y al ver salir el sol en el horizonte,
cuando el campo está vestido de rocío
y sentir que se me desvanece el alma,
imaginando tus ojos fulgurantes
y tus labios rindiendo una sonrisa.
Aún, en el fondo, guardo una esperanza:
verte acercándote despacio,
con el bello rostro enternecido,
el alma dulcemente enamorada
y el corazón dispuesto a ser amado;
para acariciar tu cuerpo suavemente
y saciar esta necesidad de cuidarte.
Aún te anhelo fervientemente
y te veo en cada instante de mi vida.
Ya no aguanto la cruel frustración,
este espantoso velo de impotencia.
Desearía ya no amarte más
y quisiera no volver a verte,
aún trato de olvidarte.
Liquidemis.
durante una cálida tarde de primavera
y clavarte desesperadamente la mirada,
contemplando tu figura con embelezo
y seguir encontrando esos lindos detalles,
que adornan cada fibra de tu cuerpo
y que maravillosamente me sorprenden.
Aún puedo cada mañana recordarte,
al despertar con la frescura de la aurora
y al ver salir el sol en el horizonte,
cuando el campo está vestido de rocío
y sentir que se me desvanece el alma,
imaginando tus ojos fulgurantes
y tus labios rindiendo una sonrisa.
Aún, en el fondo, guardo una esperanza:
verte acercándote despacio,
con el bello rostro enternecido,
el alma dulcemente enamorada
y el corazón dispuesto a ser amado;
para acariciar tu cuerpo suavemente
y saciar esta necesidad de cuidarte.
Aún te anhelo fervientemente
y te veo en cada instante de mi vida.
Ya no aguanto la cruel frustración,
este espantoso velo de impotencia.
Desearía ya no amarte más
y quisiera no volver a verte,
aún trato de olvidarte.
Liquidemis.