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Aunque llueva

Alas de marioneta

Poeta asiduo al portal
En el complejo mapa del eclipse de mis sueños,

una noche de plenilunio, le encendí un rayito de sombra al sol,

con una nube empapé el papel mojado de mi recuerdo

y con la tinta por escribir que le quedaba mis dedos, dibujé un corazón.


Rasgué de acuarelas el arco menguante de aquella noche de invierno

en que las amapolas de lluvia nos sonrojaron el paso de nuestro primer amor,

tan brotando entre las pupilas, alrededor de un toque de miedo,

que nos temblaban por dentro los truenos del no querernos decir que no.


Pasaron los años, nos quedamos a vivir en la estación de nunca estarnos lejos,

de nunca viajar a más horizonte que el de acantilado de nuestro colchón.

Nos rendimos de vez en cuando todas las noches a querer querernos

y todas las mañanas aunque llueva, seguimos buceando entre tu piel y nuestro sudor.​
 
Estimado Alas de marioneta los sueños siempre son imprescindibles para continuar el camino.Un poema lleno de emociones.
Abrazo
 
En el complejo mapa del eclipse de mis sueños,

una noche de plenilunio, le encendí un rayito de sombra al sol,

con una nube empapé el papel mojado de mi recuerdo

y con la tinta por escribir que le quedaba mis dedos, dibujé un corazón.


Rasgué de acuarelas el arco menguante de aquella noche de invierno

en que las amapolas de lluvia nos sonrojaron el paso de nuestro primer amor,

tan brotando entre las pupilas, alrededor de un toque de miedo,

que nos temblaban por dentro los truenos del no querernos decir que no.


Pasaron los años, nos quedamos a vivir en la estación de nunca estarnos lejos,

de nunca viajar a más horizonte que el de acantilado de nuestro colchón.

Nos rendimos de vez en cuando todas las noches a querer querernos

y todas las mañanas aunque llueva, seguimos buceando entre tu piel y nuestro sudor.​
Tierna poesía y melodía Alas de marioneta.

Saludos
 
En el complejo mapa del eclipse de mis sueños,

una noche de plenilunio, le encendí un rayito de sombra al sol,

con una nube empapé el papel mojado de mi recuerdo

y con la tinta por escribir que le quedaba mis dedos, dibujé un corazón.


Rasgué de acuarelas el arco menguante de aquella noche de invierno

en que las amapolas de lluvia nos sonrojaron el paso de nuestro primer amor,

tan brotando entre las pupilas, alrededor de un toque de miedo,

que nos temblaban por dentro los truenos del no querernos decir que no.


Pasaron los años, nos quedamos a vivir en la estación de nunca estarnos lejos,

de nunca viajar a más horizonte que el de acantilado de nuestro colchón.

Nos rendimos de vez en cuando todas las noches a querer querernos

y todas las mañanas aunque llueva, seguimos buceando entre tu piel y nuestro sudor.​
Buen poema he leído. Un abrazo con la pluma del alma
 
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