ireneadler
Poeta recién llegado
Añoro
tu calor maldito
tu abrazos que se hicieron irremplazables,
como el primer dolor, inolvidable. Pero una y otra vez volví a poner la mano, en aquel fuego quemante, como si no pudiera creer que tan vibrante madera roja encendida pudiera causar dolor…como tu ausencia o tus palabras, esas imposibles de creer. Cada abrazo luego de la guerra fue el bálsamo único,
¿Cómo llegué a querer quemarme cada vez, sabiendo que dolía de esa forma la belleza?
Quemaba, hería dejando huellas de fuego en la sangre y me gustaba saber que al menos estaba ahí, ardiente para manifestarse?
Me perdí para siempre en esas brazas y hoy añoro ese dolor. Quiero quemarme otra vez, sentirte cerca aunque me duelas, y hieras, porque más me valen las brazas que la madera mustia, que la madera muerta.
tu calor maldito
tu abrazos que se hicieron irremplazables,
como el primer dolor, inolvidable. Pero una y otra vez volví a poner la mano, en aquel fuego quemante, como si no pudiera creer que tan vibrante madera roja encendida pudiera causar dolor…como tu ausencia o tus palabras, esas imposibles de creer. Cada abrazo luego de la guerra fue el bálsamo único,
¿Cómo llegué a querer quemarme cada vez, sabiendo que dolía de esa forma la belleza?
Quemaba, hería dejando huellas de fuego en la sangre y me gustaba saber que al menos estaba ahí, ardiente para manifestarse?
Me perdí para siempre en esas brazas y hoy añoro ese dolor. Quiero quemarme otra vez, sentirte cerca aunque me duelas, y hieras, porque más me valen las brazas que la madera mustia, que la madera muerta.