lluvia de enero
Simplemente mujer
.
Aurelio Arturo
El poeta colombiano Aurelio Arturo Martínez nació el 22 de febrero de 1906, en el cálido y cordillerano municipio de La Unión, en el norte del departamento de Nariño y al sur del país.
Fueron sus padres, Raquel Martínez Caycedo y Heriberto Arturo Belalcázar. En la capital del departamento de Nariño, San Juan de Pasto, de donde era oriundo su padre, cursó sus estudios secundarios, en el Colegio San Francisco Javier
Se recibió de abogado, en el Externado de Colombia, y ocupó cargos como funcionario público y embajador. Fue adjunto cultural de la embajada colombiana en Estados Unidos. Fue traductor en Estados Unidos y Jefe de la Sección de Traducciones de la Embajada de Estados Unidos en la capital colombiana.
Como periodista, se destacó fundando y dirigiendo una radio revista literaria llamadas “Voces del Mundo”. Publicó sus producciones en el diario “El Tiempo” y en la Revista de la Universidad Nacional de Colombia, desde sus épocas de estudiante de Derecho, y donde apareció en 1945, “Morada al Sur”.
En 1963, publicó el que sería su único libro con el nombre también de “Morada al sur”, una colección de poesías por las que fue galardonado con el premio “Guillermo Valencia, de la Academia Colombiana de la Lengua.
//Arturo, debido a su época, parece coincidir con los escritores de Piedra y Cielo, grupo que se caracterizó por su afinidad inicial con la literatura española de la llamada “Generación del 27” y su desdén frente al modernismo. Pero Morada al Sur muestra que su estilo no comparte ese romanticismo grandilocuente de Eduardo Carranza, Jorge Rojas y Gerardo Valencia. De hecho, es un artista que no logra encajar en ningún movimiento específico, es único dentro de las letras en Colombia.
Sus poesías son paisajes de niebla, de los ríos, las montañas y del verde del suroccidente colombiano en el que transcurrió la primera parte de su vida; son un diálogo del hombre con la naturaleza, en el que Aurelio evoca su origen: la fragilidad, los lugares inocentes de la infancia, del primer amor. El poeta muestra su añoranza por la tierra que dejó atrás, cuando en 1925 viajó a la gris ciudad de Bogotá para convertirse en abogado.//
La Universidad de Nariño, donde ejerció la docencia, lo condecoró con el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras. Falleció meses después, en la capital colombiana, el 24 de noviembre de 1974. El premio fue recibido en su nombre post mortem.
Datos biográficos extraídos de: http://www.poesia-castellana.com/poetas/aurelio-arturo
***************
PALABRA
nos rodea la palabra
la oímos
la tocamos
su aroma nos circunda
palabra que decimos
y modelamos con la mano
fina y tosca
y que
forjamos
con el fuego de la sangre
y la suavidad de la piel de nuestras amadas
palabra omnipresente
con nosotros desde el alba
y aun antes
en el agua oscura del sueño
o en la edad de la que apenas salvamos
retazos de recuerdos
de espantos
de terribles ternuras
que va con nosotros
monólogo mudo
diálogo
la que ofrecemos a nuestros amigos
la que acuñamos
para el amor la queja
la lisonja
moneda de sol
o de plata
o moneda falsa
en ella nos miramos
para saber quiénes somos
nuestro oficio
y raza
refleja
nuestro yo
nuestra tribu
profundo espejo
y cuando es alegría y angustia
y los vastos cielos y el verde follaje
y la tierra que canta
entonces ese vuelo de palabras
es la poesía
puede ser la poesía
CANCIÓN DE LA NOCHE CALLADA
En la noche balsámica, en la noche,
cuando suben las hojas hasta ser las estrellas,
oigo crecer las mujeres en la penumbra malva
y caer de sus párpados la sombra gota a gota.
Oigo engrosar sus brazos en las hondas penumbras
y podría oír el quebrarse de una espiga en el campo.
Una palabra canta en mi corazón, susurrante
hoja verde sin fin cayendo. En la noche balsámica,
cuando la sombra es el crecer desmesurado de los árboles,
me besa un largo sueño de viajes prodigiosos
y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla.
En medio de una noche con rumor de floresta
como el ruido levísimo del caer de una estrella,
yo desperté en un sueño de espigas de oro trémulo
junto del cuerpo núbil de una mujer morena
y dulce, como a la orilla de un valle dormido.
Y en la noche de hojas y estrellas murmurantes
yo amé un país y es de su limo oscuro
parva porción el corazón acerbo;
yo amé un país que me es una doncella,
un rumor hondo, un fluir sin fin, un árbol suave.
Yo amé un país y de él traje una estrella
que me es herida en el costado, y traje
un grito de mujer entre mi carne.
En la noche balsámica, noche joven y suave,
cuando las altas hojas ya son de luz, eternas...
Mas si tu cuerpo es tierra donde la sombra crece,
si ya en tus ojos caen sin fin estrellas grandes,
¿qué encontraré en los valles que rizan alas breves?,
¿qué lumbre buscaré sin días y sin noches?
***************
INTERLUDIO
Desde el lecho por la mañana soñando despierto,
a través de las horas del día, oro o niebla,
errante por la ciudad o ante la mesa de trabajo,
¿a dónde mis pensamientos en reverente curva?
Oyéndote desde lejos, aun de extremo a extremo,
oyéndote como una lluvia invisible, un rocío.
Sintiéndote en tus últimas palabras, alta,
siempre al fondo de mis actos, de mis signos cordiales,
de mis gestos, mis silencios, mis palabras y pausas.
A través de las horas del día, de la noche
-la noche avara pagando el día moneda a moneda-
en los días que uno tras otro son la vida, la vida
con tus palabras, alta, tus palabras, llenas de rocío,
oh tú que recoges en tu mano la pradera de mariposas.
Desde el lecho por la mañana, a través de las horas,
melodía, casi una luz que nunca es súbita,
con tu ademán gentil, con tu gracia amorosa,
oh tú que recoges en tus hombros un cielo de palomas.
Aurelio Arturo
El poeta colombiano Aurelio Arturo Martínez nació el 22 de febrero de 1906, en el cálido y cordillerano municipio de La Unión, en el norte del departamento de Nariño y al sur del país.
Fueron sus padres, Raquel Martínez Caycedo y Heriberto Arturo Belalcázar. En la capital del departamento de Nariño, San Juan de Pasto, de donde era oriundo su padre, cursó sus estudios secundarios, en el Colegio San Francisco Javier
Se recibió de abogado, en el Externado de Colombia, y ocupó cargos como funcionario público y embajador. Fue adjunto cultural de la embajada colombiana en Estados Unidos. Fue traductor en Estados Unidos y Jefe de la Sección de Traducciones de la Embajada de Estados Unidos en la capital colombiana.
Como periodista, se destacó fundando y dirigiendo una radio revista literaria llamadas “Voces del Mundo”. Publicó sus producciones en el diario “El Tiempo” y en la Revista de la Universidad Nacional de Colombia, desde sus épocas de estudiante de Derecho, y donde apareció en 1945, “Morada al Sur”.
En 1963, publicó el que sería su único libro con el nombre también de “Morada al sur”, una colección de poesías por las que fue galardonado con el premio “Guillermo Valencia, de la Academia Colombiana de la Lengua.
//Arturo, debido a su época, parece coincidir con los escritores de Piedra y Cielo, grupo que se caracterizó por su afinidad inicial con la literatura española de la llamada “Generación del 27” y su desdén frente al modernismo. Pero Morada al Sur muestra que su estilo no comparte ese romanticismo grandilocuente de Eduardo Carranza, Jorge Rojas y Gerardo Valencia. De hecho, es un artista que no logra encajar en ningún movimiento específico, es único dentro de las letras en Colombia.
Sus poesías son paisajes de niebla, de los ríos, las montañas y del verde del suroccidente colombiano en el que transcurrió la primera parte de su vida; son un diálogo del hombre con la naturaleza, en el que Aurelio evoca su origen: la fragilidad, los lugares inocentes de la infancia, del primer amor. El poeta muestra su añoranza por la tierra que dejó atrás, cuando en 1925 viajó a la gris ciudad de Bogotá para convertirse en abogado.//
La Universidad de Nariño, donde ejerció la docencia, lo condecoró con el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras. Falleció meses después, en la capital colombiana, el 24 de noviembre de 1974. El premio fue recibido en su nombre post mortem.
Datos biográficos extraídos de: http://www.poesia-castellana.com/poetas/aurelio-arturo
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PALABRA
nos rodea la palabra
la oímos
la tocamos
su aroma nos circunda
palabra que decimos
y modelamos con la mano
fina y tosca
y que
forjamos
con el fuego de la sangre
y la suavidad de la piel de nuestras amadas
palabra omnipresente
con nosotros desde el alba
y aun antes
en el agua oscura del sueño
o en la edad de la que apenas salvamos
retazos de recuerdos
de espantos
de terribles ternuras
que va con nosotros
monólogo mudo
diálogo
la que ofrecemos a nuestros amigos
la que acuñamos
para el amor la queja
la lisonja
moneda de sol
o de plata
o moneda falsa
en ella nos miramos
para saber quiénes somos
nuestro oficio
y raza
refleja
nuestro yo
nuestra tribu
profundo espejo
y cuando es alegría y angustia
y los vastos cielos y el verde follaje
y la tierra que canta
entonces ese vuelo de palabras
es la poesía
puede ser la poesía
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CANCIÓN DE LA NOCHE CALLADA
En la noche balsámica, en la noche,
cuando suben las hojas hasta ser las estrellas,
oigo crecer las mujeres en la penumbra malva
y caer de sus párpados la sombra gota a gota.
Oigo engrosar sus brazos en las hondas penumbras
y podría oír el quebrarse de una espiga en el campo.
Una palabra canta en mi corazón, susurrante
hoja verde sin fin cayendo. En la noche balsámica,
cuando la sombra es el crecer desmesurado de los árboles,
me besa un largo sueño de viajes prodigiosos
y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla.
En medio de una noche con rumor de floresta
como el ruido levísimo del caer de una estrella,
yo desperté en un sueño de espigas de oro trémulo
junto del cuerpo núbil de una mujer morena
y dulce, como a la orilla de un valle dormido.
Y en la noche de hojas y estrellas murmurantes
yo amé un país y es de su limo oscuro
parva porción el corazón acerbo;
yo amé un país que me es una doncella,
un rumor hondo, un fluir sin fin, un árbol suave.
Yo amé un país y de él traje una estrella
que me es herida en el costado, y traje
un grito de mujer entre mi carne.
En la noche balsámica, noche joven y suave,
cuando las altas hojas ya son de luz, eternas...
Mas si tu cuerpo es tierra donde la sombra crece,
si ya en tus ojos caen sin fin estrellas grandes,
¿qué encontraré en los valles que rizan alas breves?,
¿qué lumbre buscaré sin días y sin noches?
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INTERLUDIO
Desde el lecho por la mañana soñando despierto,
a través de las horas del día, oro o niebla,
errante por la ciudad o ante la mesa de trabajo,
¿a dónde mis pensamientos en reverente curva?
Oyéndote desde lejos, aun de extremo a extremo,
oyéndote como una lluvia invisible, un rocío.
Sintiéndote en tus últimas palabras, alta,
siempre al fondo de mis actos, de mis signos cordiales,
de mis gestos, mis silencios, mis palabras y pausas.
A través de las horas del día, de la noche
-la noche avara pagando el día moneda a moneda-
en los días que uno tras otro son la vida, la vida
con tus palabras, alta, tus palabras, llenas de rocío,
oh tú que recoges en tu mano la pradera de mariposas.
Desde el lecho por la mañana, a través de las horas,
melodía, casi una luz que nunca es súbita,
con tu ademán gentil, con tu gracia amorosa,
oh tú que recoges en tus hombros un cielo de palomas.
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