Recorro éstas calles,
embriagado de sensaciones que
oscilan entre un vestigio de
profana locura y
suspiros,
que van y vienen.
El detonante de este destierro
puede haber sido el silencio,
o tu destello;
esa fugaz anestesia que
me regalo tu etérea presencia.
En cada paso que doy pretendo inmolar
tu mirada.
Las voces extrañas,
esas que no saben de mi
ni de mis penas,
me conectan con el lujurioso
pensamiento de tu ausencia.
Te recuerdo el cuerpo;
los contornos utópicos
de tu lánguida figura,
el olor de tus rincones,
la savia de tus besos...
como un enajenado
me lapido de vez en cuando
con una lágrima triste,
esa lágrima no tiene
escrúpulos y me castiga
triunfante,
mientras desesperadamente intento
evitar la angustia de tu desidia.
De las cosas que te llevaste,
Añoro mi alma...
embriagado de sensaciones que
oscilan entre un vestigio de
profana locura y
suspiros,
que van y vienen.
El detonante de este destierro
puede haber sido el silencio,
o tu destello;
esa fugaz anestesia que
me regalo tu etérea presencia.
En cada paso que doy pretendo inmolar
tu mirada.
Las voces extrañas,
esas que no saben de mi
ni de mis penas,
me conectan con el lujurioso
pensamiento de tu ausencia.
Te recuerdo el cuerpo;
los contornos utópicos
de tu lánguida figura,
el olor de tus rincones,
la savia de tus besos...
como un enajenado
me lapido de vez en cuando
con una lágrima triste,
esa lágrima no tiene
escrúpulos y me castiga
triunfante,
mientras desesperadamente intento
evitar la angustia de tu desidia.
De las cosas que te llevaste,
Añoro mi alma...
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