Alicia La Maya
Poeta fiel al portal
Son las sombras
que desata el tiempo,
las que quedan
entre la razón y el delirio.
Son aquellas caricias,
manos borrachas de vacío,
las que en la piel
se retuercen muertas.
Son los silencios
de voces sordas
las que resuenan
en el oído ausente.
Las primaveras
de ilusiones
que envejecen.
Las campanas
de la infancia
que no tañen.
Las lluvias, febrero,
que en el asfalto
pegajosas se escaparon.
Y las manitas
gordas que apretaron
la muerte
a mitad de la noche.
Son cientos...
cientos, miles,
millones de segundos
que se hicieron eternos.
Las tristezas
y las melancolías
lo amargo y vil,
lo descolorido
y lo inodoro,
lo que me grita,
desde un rincón de luz,
allá en mi centro,
en mi inteligencia,
en mi evolución del ser,
que esto,
que sobresalta mis sentidos
es la falta de vos
en mi horizonte.
que desata el tiempo,
las que quedan
entre la razón y el delirio.
Son aquellas caricias,
manos borrachas de vacío,
las que en la piel
se retuercen muertas.
Son los silencios
de voces sordas
las que resuenan
en el oído ausente.
Las primaveras
de ilusiones
que envejecen.
Las campanas
de la infancia
que no tañen.
Las lluvias, febrero,
que en el asfalto
pegajosas se escaparon.
Y las manitas
gordas que apretaron
la muerte
a mitad de la noche.
Son cientos...
cientos, miles,
millones de segundos
que se hicieron eternos.
Las tristezas
y las melancolías
lo amargo y vil,
lo descolorido
y lo inodoro,
lo que me grita,
desde un rincón de luz,
allá en mi centro,
en mi inteligencia,
en mi evolución del ser,
que esto,
que sobresalta mis sentidos
es la falta de vos
en mi horizonte.
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