Ella... tal vez, más allá de este insomnio,
sonríe por un instante, sin agobio,
sin nada de lo que quiebra —yo— el gozo
sereno, que tan bien recuerdo en su rostro.
Quisiera —tanto quisiera— que fuera esto.
Que su amorosa alegría riera, fresco
su ánimo hondo que de tal manera escribe
sobre sus amigos que a nadie despide.
Por un instante, por todo nuestro tiempo,
resuene tu limpia carcajada; muerto
quiero que quede todo sendero aciago
que a cruel remordimiento me lleve de la mano.
Última edición: