Mitra
Poeta adicto al portal
El cuerpo polvoriento, desnudo
posado en frío halo
clama entre silencio, guardando
sus reflejos vanos.
Tomo con mi mano, despintada
brillo incandescente
como filo que ruge, navaja
bisturí pudiente.
En sus labios me deslizo yéndome
hacia las raíces
con las lombrices, contrayéndome
el corazón calmo.
Su cráneo ensangrentado, frontal...
de tantas migrañas
ofuscado cerrojo, marchitar...
de perdidos sueños.
Tomando su mano emancipada
de los pulsos, yertos
cuento sus historias secas, pasas
recorriendo huesos.
Y rozando las falanges tiesas
desde un dedo siento...
que en el escalofrío se silencia...
posando muy lento...
El bozal de mis gritos, cientos...
un anillo, clavo
en su epidermis, ya ceniciento;
Ya frío oxidado.
Perdiéndome en los horizontes
de recuerdos vagos
un aullido me va susurrando,
en fúnebres cantos...
En esta hora hoy también creo ser
el cuerpo posado
en la habitación sellada, piel
de ayer, putrefacto.
Tomando con mi frío su mano
helo contagiado
un vistazo armando y rearmando
mi cuerpo tallado.
Más la sangre, coagulado llanto
mordiendo mis venas
que otra vez esparcen en el cuarto
su jugo, mis pasos.
Mientras de atrás a delante armo
mi marfil raspado
para volver mañana y pasado...
En paredes caigo...
Otra vez, heme aquí sepultando...
Las preguntas muertas
en autopsias de conciencia, vago
rodando en vueltas...
La cuchilla en mi mano temblante,
cae haciendo un eco
moribundo por doquier punzante,
a un paso lento.
Creyéndome, soy un sordo murmullo
busco, contemplando
las cáscaras aisladas del mundo...
A alguien esperando.
posado en frío halo
clama entre silencio, guardando
sus reflejos vanos.
Tomo con mi mano, despintada
brillo incandescente
como filo que ruge, navaja
bisturí pudiente.
En sus labios me deslizo yéndome
hacia las raíces
con las lombrices, contrayéndome
el corazón calmo.
Su cráneo ensangrentado, frontal...
de tantas migrañas
ofuscado cerrojo, marchitar...
de perdidos sueños.
Tomando su mano emancipada
de los pulsos, yertos
cuento sus historias secas, pasas
recorriendo huesos.
Y rozando las falanges tiesas
desde un dedo siento...
que en el escalofrío se silencia...
posando muy lento...
El bozal de mis gritos, cientos...
un anillo, clavo
en su epidermis, ya ceniciento;
Ya frío oxidado.
Perdiéndome en los horizontes
de recuerdos vagos
un aullido me va susurrando,
en fúnebres cantos...
En esta hora hoy también creo ser
el cuerpo posado
en la habitación sellada, piel
de ayer, putrefacto.
Tomando con mi frío su mano
helo contagiado
un vistazo armando y rearmando
mi cuerpo tallado.
Más la sangre, coagulado llanto
mordiendo mis venas
que otra vez esparcen en el cuarto
su jugo, mis pasos.
Mientras de atrás a delante armo
mi marfil raspado
para volver mañana y pasado...
En paredes caigo...
Otra vez, heme aquí sepultando...
Las preguntas muertas
en autopsias de conciencia, vago
rodando en vueltas...
La cuchilla en mi mano temblante,
cae haciendo un eco
moribundo por doquier punzante,
a un paso lento.
Creyéndome, soy un sordo murmullo
busco, contemplando
las cáscaras aisladas del mundo...
A alguien esperando.