Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
[FONT="]Tú que solías anestesiar palabras,
[FONT="]-y con ellas suturar tu poesía deforme-
[FONT="]sólo por abortar tus vagos engendros muertos.
[FONT="]Pero tú, que nunca me contaste que sucedió con tu mazo de barajas,
[FONT="]quizá se fueron más allá del éxtasis de la música,
[FONT="]donde el acordeón no sabe sino tocar tus melodías de funeral
[FONT="]donde los sueños se petrifican para volverse estirpes antropomorfas,
[FONT="]donde guardaste la carpa ósea de tu circo degenerado,
[FONT="]esa carpa negra, en la que la mímica hablaba para no perderse en tus laberintos de cartas,
[FONT="]esa carpa, en la que desembarcaban tus especias insólitas,
[FONT="]traídas desde las costillas del nuevo universo
[FONT="]esa, la de tu cementerio de versos.
[FONT="]-Pero ahí estás tú, justo como una gárgola
[FONT="]sentado en las apófisis de tu globo terráqueo,
[FONT="]circunnavegando en las letras del delirio,
[FONT="]ahogado en la nostalgia de tus días perdidos.
[FONT="]Tú como una aneurisma de palabras,
[FONT="]o quizá como los coágulos que reposan en mis comas,
[FONT="]justo como el nido de pensamientos en mi costa occipital.
[FONT="]Recuerdo tus días de entonces,
[FONT="]recuerdo cuando trajiste la peste de tus arlequines danzantes,
[FONT="]por eso de los días que le arrancábamos a 1806
[FONT="]hoy sólo me queda el arcaico recuerdo de los últimos colirios.
[FONT="]Pero, hoy has dibujado un testamento de solsticios,
[FONT="]entre las amorfas tentaciones que tiene tu sexo,
[FONT="]o entre los exhaustivos silencios que cargamos en el olfato,
[FONT="]has dibujado tus últimas historias.
[FONT="]Hoy sólo me queda el anacrónico recuerdo de tu maquillaje extinto.
[FONT="]-y con ellas suturar tu poesía deforme-
[FONT="]sólo por abortar tus vagos engendros muertos.
[FONT="]Pero tú, que nunca me contaste que sucedió con tu mazo de barajas,
[FONT="]quizá se fueron más allá del éxtasis de la música,
[FONT="]donde el acordeón no sabe sino tocar tus melodías de funeral
[FONT="]donde los sueños se petrifican para volverse estirpes antropomorfas,
[FONT="]donde guardaste la carpa ósea de tu circo degenerado,
[FONT="]esa carpa negra, en la que la mímica hablaba para no perderse en tus laberintos de cartas,
[FONT="]esa carpa, en la que desembarcaban tus especias insólitas,
[FONT="]traídas desde las costillas del nuevo universo
[FONT="]esa, la de tu cementerio de versos.
[FONT="]-Pero ahí estás tú, justo como una gárgola
[FONT="]sentado en las apófisis de tu globo terráqueo,
[FONT="]circunnavegando en las letras del delirio,
[FONT="]ahogado en la nostalgia de tus días perdidos.
[FONT="]Tú como una aneurisma de palabras,
[FONT="]o quizá como los coágulos que reposan en mis comas,
[FONT="]justo como el nido de pensamientos en mi costa occipital.
[FONT="]Recuerdo tus días de entonces,
[FONT="]recuerdo cuando trajiste la peste de tus arlequines danzantes,
[FONT="]por eso de los días que le arrancábamos a 1806
[FONT="]hoy sólo me queda el arcaico recuerdo de los últimos colirios.
[FONT="]Pero, hoy has dibujado un testamento de solsticios,
[FONT="]entre las amorfas tentaciones que tiene tu sexo,
[FONT="]o entre los exhaustivos silencios que cargamos en el olfato,
[FONT="]has dibujado tus últimas historias.
[FONT="]Hoy sólo me queda el anacrónico recuerdo de tu maquillaje extinto.
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