Benjamin Broughton
Poeta recién llegado
Ojos carbonizados de mirar quemarse los años,
Cabello fundido en la nieve de la cordillera
Frente marcada, cansada, ahogada.
Los años pasan raudos por mi rostro mostrando décadas que no he vivido (¿o las habré vivido?)
Mis manos cuentan las historias que mi boca jamás contará
O alardeará de historias que no son realidad.
Tosco de vida, fuerte de alma
Triste de ojos, alma cansada.
Hay veces en la cuales un niño asoma por los bordes de mis ojos
Hay veces que el anciano que ha vivido milenios aparece mostrándome lo fatuo de la vida
Hay veces que sueño
Hay veces que cayo, que no entiendo
Caminante errante de los senderos del pensamiento,
Buscando razón de ser a todo
Intentando conocer los designios del corazón del hombre.
Las décadas comprimidas en mi corta existencia
Han arrancado el color de mi pelo dejándome blanco de espanto
Dejándome mudo de risa
Dejándome parco de besos.
Mi rostro, cansado, ríe en medio de la multitud solitaria
Entendiendo que esta realidad es efímera
Que el polvo vuelve al polvo y que nada cambia...
Así será, al polvo volveré
De esta vida descansaré
Alzaré mis ojos a un monte lejano y ahí dormiré
De mí se acordarán mis hijos y los hijos de mis hijos
Hasta que mi nombre se vuelva recuerdo y recuerdo tardío
Hasta que los años borren mis palabras
Y mis preguntas las conteste el olvido
Cabello fundido en la nieve de la cordillera
Frente marcada, cansada, ahogada.
Los años pasan raudos por mi rostro mostrando décadas que no he vivido (¿o las habré vivido?)
Mis manos cuentan las historias que mi boca jamás contará
O alardeará de historias que no son realidad.
Tosco de vida, fuerte de alma
Triste de ojos, alma cansada.
Hay veces en la cuales un niño asoma por los bordes de mis ojos
Hay veces que el anciano que ha vivido milenios aparece mostrándome lo fatuo de la vida
Hay veces que sueño
Hay veces que cayo, que no entiendo
Caminante errante de los senderos del pensamiento,
Buscando razón de ser a todo
Intentando conocer los designios del corazón del hombre.
Las décadas comprimidas en mi corta existencia
Han arrancado el color de mi pelo dejándome blanco de espanto
Dejándome mudo de risa
Dejándome parco de besos.
Mi rostro, cansado, ríe en medio de la multitud solitaria
Entendiendo que esta realidad es efímera
Que el polvo vuelve al polvo y que nada cambia...
Así será, al polvo volveré
De esta vida descansaré
Alzaré mis ojos a un monte lejano y ahí dormiré
De mí se acordarán mis hijos y los hijos de mis hijos
Hasta que mi nombre se vuelva recuerdo y recuerdo tardío
Hasta que los años borren mis palabras
Y mis preguntas las conteste el olvido
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