Avanzar

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
El deber de caer,
caer debiendo,
mintiendo y fingiendo,

la esencia y su carencia,
es perecer junto al alma,
aun en su ausencia,

creer es querer,
no querer también es poder,
perder a veces es deber,

conocer es esencial,
en este mundo de ansiedad,
la paciencia es sustancial,
y la paz no es una sustancia,
pero se mezcla entre presentes,

permanente el pasado,
y su futuro nunca ausente,
hasta que se caigan las estrellas,

el uroboros, aun muerde a la muerte,
y ella inerte,
se agracia de su filo,

filantrópico sendero del condenado,
del que danza en soledad,
y baila pegado al precipicio,

el soñador promete,
anhela cada ensueño,
y se sabe que él no es su único dueño,

que a los milenios se remonta,
se desmonta la historia,
y se conoce la dicha,
mas nunca la gloria,

el deber de hacer lo necesario,
de no obedecer al indebido,
de carecer y crecer,
como las lágrimas en sus afluentes,
llegando a un paraíso de sábida calma,

plenitud excelsa,
juventud sensorial,

aun entre el gris de la niebla,
entre la lugubridad del muerto que observa,

aun entre gravedad y lóbrego vacío,

se condensa en la distancia
un etéreo arco en el cielo,

mirando un horizonte
que esconde el secreto de como avanzar.
 
El deber de caer,
caer debiendo,
mintiendo y fingiendo,

la esencia y su carencia,
es perecer junto al alma,
aun en su ausencia,

creer es querer,
no querer también es poder,
perder a veces es deber,

conocer es esencial,
en este mundo de ansiedad,
la paciencia es sustancial,
y la paz no es una sustancia,
pero se mezcla entre presentes,

permanente el pasado,
y su futuro nunca ausente,
hasta que se caigan las estrellas,

el uroboros, aun muerde a la muerte,
y ella inerte,
se agracia de su filo,

filantrópico sendero del condenado,
del que danza en soledad,
y baila pegado al precipicio,

el soñador promete,
anhela cada ensueño,
y se sabe que él no es su único dueño,

que a los milenios se remonta,
se desmonta la historia,
y se conoce la dicha,
mas nunca la gloria,

el deber de hacer lo necesario,
de no obedecer al indebido,
de carecer y crecer,
como las lágrimas en sus afluentes,
llegando a un paraíso de sábida calma,

plenitud excelsa,
juventud sensorial,

aun entre el gris de la niebla,
entre la lugubridad del muerto que observa,

aun entre gravedad y lóbrego vacío,

se condensa en la distancia
un etéreo arco en el cielo,

mirando un horizonte
que esconde el secreto de como avanzar.
Me quedo con este, de todos los que he leído hoy.
Muy profundo IgnotaIlusión.
Es un honor deleitarme con las enseñanzas de tus líneas.

Saludos desde Cuba
 

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