Antomar Alas
Poeta recién llegado
Aurorita de las últimas horas,
que percha como espanto en los brazos altaneros
de aquellos obscuros follajeros.
Aurora de las almas angustiadas,
que le cuenta el tormento a los que la creen maldita,
y le duerme con cantata, al espíritu transeúnte,
su gélido aliento.
Ave de las memorias de mis abuelos,
pájaro de negro impulso y aleteo avernoso.
El nahual mayor te ha mandado a recoger unos cuantos.
Ave de las infinitas defunciones:
espero ver tu rostro de tragedia,
y no solo discernir tu voceo
desde el lecho de mi agónico descenso.
Alas de presagio,
me has cantado tantas veces,
que ya casi no te creo;
pero te estaré esperando
para que, cuando en tristeza me encuentre,
me formés una sonrisa
en la intrincada osadía de mi última instancia.
que percha como espanto en los brazos altaneros
de aquellos obscuros follajeros.
Aurora de las almas angustiadas,
que le cuenta el tormento a los que la creen maldita,
y le duerme con cantata, al espíritu transeúnte,
su gélido aliento.
Ave de las memorias de mis abuelos,
pájaro de negro impulso y aleteo avernoso.
El nahual mayor te ha mandado a recoger unos cuantos.
Ave de las infinitas defunciones:
espero ver tu rostro de tragedia,
y no solo discernir tu voceo
desde el lecho de mi agónico descenso.
Alas de presagio,
me has cantado tantas veces,
que ya casi no te creo;
pero te estaré esperando
para que, cuando en tristeza me encuentre,
me formés una sonrisa
en la intrincada osadía de mi última instancia.
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