Muñeca rota,
De crispado semblante,
Huiste de la casita
De chocolate.
Creías que ese hogar
Era un nido
Que las huestes del temor,
El miedo y el dolor,
No entrarían en tu castillo.
¿Cómo imaginar que
Aquél que te abrazó,
Aquél que sobre ti
Sus sueños derramó,
Se convirtió en tu enemigo,
En la barrera que te frena
Para sentirte libre, plena;
Que te odia
Sin sentido, ni medida,
Con la misma dedicación
Con que antaño
Te amaba y envolvía.
Ahora, huyes,
Como asustada avecilla
A la que el invierno
Le ha llegado
Y no lo presentía.
Y te alejas, deprisa,
De su sombra
Que ya no te cobija,
Que te asusta
Como si fuera un ogro
Frente a una desvalida niña.
Tu pecho agitado,
Vive la pesadilla,
Como perro apaleado
Que la noche busca
Porque el lugar
De donde procedía
Se ha trastocado
En un infierno
De furia y lucha continua.
De crispado semblante,
Huiste de la casita
De chocolate.
Creías que ese hogar
Era un nido
Que las huestes del temor,
El miedo y el dolor,
No entrarían en tu castillo.
¿Cómo imaginar que
Aquél que te abrazó,
Aquél que sobre ti
Sus sueños derramó,
Se convirtió en tu enemigo,
En la barrera que te frena
Para sentirte libre, plena;
Que te odia
Sin sentido, ni medida,
Con la misma dedicación
Con que antaño
Te amaba y envolvía.
Ahora, huyes,
Como asustada avecilla
A la que el invierno
Le ha llegado
Y no lo presentía.
Y te alejas, deprisa,
De su sombra
Que ya no te cobija,
Que te asusta
Como si fuera un ogro
Frente a una desvalida niña.
Tu pecho agitado,
Vive la pesadilla,
Como perro apaleado
Que la noche busca
Porque el lugar
De donde procedía
Se ha trastocado
En un infierno
De furia y lucha continua.