Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
AVENTURA NOCTURNA
El delicado olor de los jazmines
perfumaba la noche con su aroma
bajo la oscuridad de unos jardines,
en tanto que apurábamos la hora
Al repicar las doce campanadas,
temerosos de las negras tinieblas,
nos propusimos muda retirada
semiocultos entre la tupida hiedra.
Regresamos al punto de destino
cruzando por el viejo cementerio,
con el miedo pegado al intestino.
Un difunto, con su semblante lívido,
al creernos perdidos sin remedio,
propuso señalarnos el camino.
Y ante tan asombroso desatino,
tanto corrimos y sin rumbo previo
que en sucia zanja, sin querer, caímos.
perfumaba la noche con su aroma
bajo la oscuridad de unos jardines,
en tanto que apurábamos la hora
Al repicar las doce campanadas,
temerosos de las negras tinieblas,
nos propusimos muda retirada
semiocultos entre la tupida hiedra.
Regresamos al punto de destino
cruzando por el viejo cementerio,
con el miedo pegado al intestino.
Un difunto, con su semblante lívido,
al creernos perdidos sin remedio,
propuso señalarnos el camino.
Y ante tan asombroso desatino,
tanto corrimos y sin rumbo previo
que en sucia zanja, sin querer, caímos.