Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Sabía que era la pesadilla de siempre. Las sombras se movían en torno mío sin que yo pudiera hacer nada para ponerme al salvo de ellas. A veces me tocaban. Otras veces escuchaba sus carcajadas. Charlaban, murmuraban. Las palabras eran demasiado rápidas para que yo pudiera entender de qué hablaban. Una de las sombras vino hacia mí y me miró el rostro. Se detuvo el tiempo suficiente para que yo pudiera contemplar su cara. Era una mujer. Sentí como su mano penetró en mi cráneo y tocó algo dentro de mi cerebro. Entonces pude verlos y entender lo que decían. Me explicaron lo que sucedía. Tenían el poder de manipular el tiempo: hacían de un segundo mío una hora, y si lo deseaban un día, un mes, un año o el tiempo que deseaban. La charla quedó grabada en mi memoria pero cuando desperté no pude recordarla. No sabía cómo entrar en esa extraña dimensión para hacer que los recuerdos diminutos estuvieran de nuevo presentes en mi mente.