Évano
Libre, sin dioses.
Cuatro niñas asidas a las rejas
de un patio de colegio
gritaban con voz de bocadillo:
¿Señor, señor, nos da el avión?
Sus ojos y mejillas palpitaban.
Era avión recio de papel,
con amplias alas abiertas.
Se lo di a la de ojos brillantes.
Por el cuidado con que sus manos
acogieron el avión de papel,
supe que era la constructora
del avión extraviado
más allá del alcance de su hábitat.
El ritual de agua con lejía
sobre husmeos y cosas de Flai,
me alejaba del colegio,
y de las niñas exhalando,
tan temprano,
ansias de libertad y aventuras.
Por la acera contraria,
sin árboles ni sombra ni refugio,
pasaba una madre y su bebé.
Tras ella un hombre, a medio grito
y de brazos de molinos asegurando
que la hipoteca se paga
pero un hijo es para toda la vida.
Para toda la vida, repitió.
Menudo imbécil, pensé,
ya lo sabe y no le importa
y por eso camina rápido,
para buscar alternativas,
o aviones de papel.
Gracias por leer.
6/5/26
de un patio de colegio
gritaban con voz de bocadillo:
¿Señor, señor, nos da el avión?
Sus ojos y mejillas palpitaban.
Era avión recio de papel,
con amplias alas abiertas.
Se lo di a la de ojos brillantes.
Por el cuidado con que sus manos
acogieron el avión de papel,
supe que era la constructora
del avión extraviado
más allá del alcance de su hábitat.
El ritual de agua con lejía
sobre husmeos y cosas de Flai,
me alejaba del colegio,
y de las niñas exhalando,
tan temprano,
ansias de libertad y aventuras.
Por la acera contraria,
sin árboles ni sombra ni refugio,
pasaba una madre y su bebé.
Tras ella un hombre, a medio grito
y de brazos de molinos asegurando
que la hipoteca se paga
pero un hijo es para toda la vida.
Para toda la vida, repitió.
Menudo imbécil, pensé,
ya lo sabe y no le importa
y por eso camina rápido,
para buscar alternativas,
o aviones de papel.
Gracias por leer.
6/5/26
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