ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Ay asombrosa mujer
a qué mundo has accedido!
Fuera del vivero donde no hay cuidados
brotó de la nada un huérfano amor
que desconcierta, fascina y sorprende:
sin regarlo crece entre inclemencias
Hasta has percibido que se ha marchado
momentáneamente el canto de la muerte
que sobrevolaba los días en gris
y un silencio nuevo anuncia otro canto
en melodía con brillo que opaca destemplanzas
¡Ay asombrosa mujer
que a la expiación y al miedo has desafiado!
Sin hoja de ruta, mapa ni camino
desde la rutina de lo conocido acostumbrado
cuidabas la huerta de almácigos ciertos
obligados, prolijos, ordenados,
cuando de repente brotaste inopinada...
¿o acaso en tus sueños, muy calladamente,
te habías dado permiso de guardar semilla
y con pasión profunda y soterrada
en loca esperanza ya la cultivabas?
¡Ay asombrosa mujer!
Así, de repente te asombras y me asombras
por persistencia tenaz y manifiesta
de enarbolar afectos y derechos postergados...
Entre penumbras de la historia renovada te apareces
y si bien falta aún disipar todas las sombras
el amor, la impaciencia y la lucha te enaltecen
impulsándote a surgir desde abajo de la alfombra,
desde el fondo de los mares, desde atrás del horizonte
haciendo que las cosas que no hablaban te pronuncien,
te digan y me inviten a decirte, si te nombras...
a qué mundo has accedido!
Fuera del vivero donde no hay cuidados
brotó de la nada un huérfano amor
que desconcierta, fascina y sorprende:
sin regarlo crece entre inclemencias
Hasta has percibido que se ha marchado
momentáneamente el canto de la muerte
que sobrevolaba los días en gris
y un silencio nuevo anuncia otro canto
en melodía con brillo que opaca destemplanzas
¡Ay asombrosa mujer
que a la expiación y al miedo has desafiado!
Sin hoja de ruta, mapa ni camino
desde la rutina de lo conocido acostumbrado
cuidabas la huerta de almácigos ciertos
obligados, prolijos, ordenados,
cuando de repente brotaste inopinada...
¿o acaso en tus sueños, muy calladamente,
te habías dado permiso de guardar semilla
y con pasión profunda y soterrada
en loca esperanza ya la cultivabas?
¡Ay asombrosa mujer!
Así, de repente te asombras y me asombras
por persistencia tenaz y manifiesta
de enarbolar afectos y derechos postergados...
Entre penumbras de la historia renovada te apareces
y si bien falta aún disipar todas las sombras
el amor, la impaciencia y la lucha te enaltecen
impulsándote a surgir desde abajo de la alfombra,
desde el fondo de los mares, desde atrás del horizonte
haciendo que las cosas que no hablaban te pronuncien,
te digan y me inviten a decirte, si te nombras...
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