Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Ay Dios como duele tu silencio!
Yo muero, amada, en tu silencio.
Me quedo en los latidos de tu corazón
de mañana gloriosa y radiante,
pero muero cuando tu voz no me llega.
¡Ay Dios como duele tu silencio!
Tráeme el sol de tus ojos para iluminar
esta hambre de becerro por las uvas de tu pecho.
Precipita el palpitar de tus labios
para romper este abismo en que caigo.
Amada, yo muero en lo más profundo de tu silencio.
No me dejes sin ser, con éste instrumento
vivo entre mis manos.
Levanta tu voz, llámame
y resucítame de esta fría muerte,
rescátame del negro abismo,
porque quiero ser un enjambre de amor sobre tu cuerpo.
13 de Octubre de 2007
Yo muero, amada, en tu silencio.
Me quedo en los latidos de tu corazón
de mañana gloriosa y radiante,
pero muero cuando tu voz no me llega.
¡Ay Dios como duele tu silencio!
Tráeme el sol de tus ojos para iluminar
esta hambre de becerro por las uvas de tu pecho.
Precipita el palpitar de tus labios
para romper este abismo en que caigo.
Amada, yo muero en lo más profundo de tu silencio.
No me dejes sin ser, con éste instrumento
vivo entre mis manos.
Levanta tu voz, llámame
y resucítame de esta fría muerte,
rescátame del negro abismo,
porque quiero ser un enjambre de amor sobre tu cuerpo.
13 de Octubre de 2007