Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: Es posible que esta función no esté disponible en algunos navegadores.
Ver el archivos adjunto 31656
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada, un lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras el cuaderno miraba abstraído,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.
Eres grande Luis, y tu poesía es inmensa. Que extraordinario soneto amigo, te has lucido. Gracias por recordarme que la poesía es una fuente inagotable de belleza, a veces, uno se siente cansado de tanto verso, pero al leerte resurge esa pasión inmensa que le lento a las letras. Toda mi admiración, reputación, y las gracias por compartir lo que escribes generosamente.
Un abrazo poeta
Luis
Cuanta ternura al rememorar instantes de la infancia,
cuando se vivían esos primeros sueños,
la primavera estaba ahí aromando todos los espacios
y hoy desde el otoño con halos de añoranza se vuelve a vivir.
Felicitaciones por estas letras espléndidas.
Mis estrellas y un abrazo con cariño, estimado poeta.
Ana
Ver el archivos adjunto 31656
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada, un lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras el cuaderno miraba abstraído,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.
Ver el archivos adjunto 31656
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada, un lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras el cuaderno miraba abstraído,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.
Bellísimo poema, muy dulce y tierno, me encanto el ritmo al leerlo. Es un gran poema. Felicidades!
Ver el archivos adjunto 31656
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada y el lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras el cuaderno miraba abstraído,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.
Ligia Calderón Romero;4424749 dijo:Hola Luis!
Ay! y quién pudiera escribir tan bello!
Me has cautivado con la belleza de tus versos
en estas añoranzas de la infancia
tan sonoras.
Excelente!
Me llevo las delicias poéticas de tu espacio
en un poema para recordar por su belleza
lírica y su cadencia, un ritmo que invita
a sentirlo y declamarlo en voz alta.
Mis respetos mi amigo.
Aplausos de pie,
Ligia
Gracias por tu valiosa visita y tus impagables palabras, Eduardo.Luis
Menos mal que puedo comentarte, pues cada vez que lo intento se ha movido el poema -supongo que a competitiva- y me lo impiden. Encaje perfecto este ritmo que le impones a tus letras que nacen en muchas ocasiones con enorme ternura, acariciada por la melancolía, lo que hace evidente que estoy ante un poeta de gran sensibilidad, sí, sin ceder la palabra a la rima golosa y quebradiza que suena bien, pero no dice nada. Estas dicen y dicen tan bien que vino a buscarme mi niña Teresa para dejarte mi emocionada enhorabuena. Un abrazo
eduardocarpio
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada y el lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras el cuaderno miraba abstraído,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.
Gracias mi querida amiga, por tu siempre gentil comentario, y tu apoyo constante.Super bello y maravilloso soneto abrazos
Luis:
Muy hermoso soneto,
en la melancolía de un pasado,...
en el presente... de un recuerdo.
Es una delicia pasar por tus letras.
GRACIAS
por tu amable compartir.
Estrellas y lo que permita
el sistema.
fernando
Te agradezco de todo corazón mi querido amigo, tu palabras que me llenan de orgullo.Sublime poema, querido poeta, maravillosamente evocas a ese amor de la infancia y los recuerdos reviven aquella sensación, la misma que te hizo plasmar tan bellamente este recorrido de emociones que hacen vibrar el alma... Muchos abrazos, Luis y toda, toda la admiración.
Ver el archivos adjunto 31656
¡Ay, niña Rosita! (Soneto dodecasílabo dactílico)
Le trajo a mi pecho la tarde cobriza
imágenes rotas enfermas de olvido;
la goma gastada y el lápiz mordido,
mi mano vestida de harina de tiza.
La niña Rosita de tez enfermiza
que tras mi cuaderno miraba escondido,
¿Serán fantasías, o me ha sonreído?
No hay beso, ni patio, que afuera graniza.
Forjando ilusiones y cuentos de hadas
bebía mi infancia prendido a su vera,
ansiando entre libros caricias robadas.
¡Ay, niña Rosita, por Dios, quién pudiera!
tornar a mi escuela de blancas arcadas
y hacer de mi otoño fugaz primavera.