Z. Gómez
Poeta recién llegado
Desnudo tirito en los campos de flores
de olvido;
el maple es cristal en fragmentos
que me impiden andar.
Desnudo entre dos cerros
-extraños cerros-
y no por extraños
sino por no ser los míos.
El viento me vuelve su amante,
posee mis huesos
y trémulo, impávido,
golpeo el agua con la mirada.
Y salgo...
adentro de la cápsula en vidrio
salgo
para gritar una oda
que cruza el mar:
-Sí-
Es la única palabra que dices...
mas luego, no más.
Desnudo me dejas
ya sin piel, ya sin carne.
Vida, te ausentas.
Me dejas -¡Me dejas!-
Y ya.
de olvido;
el maple es cristal en fragmentos
que me impiden andar.
Desnudo entre dos cerros
-extraños cerros-
y no por extraños
sino por no ser los míos.
El viento me vuelve su amante,
posee mis huesos
y trémulo, impávido,
golpeo el agua con la mirada.
Y salgo...
adentro de la cápsula en vidrio
salgo
para gritar una oda
que cruza el mar:
-Sí-
Es la única palabra que dices...
mas luego, no más.
Desnudo me dejas
ya sin piel, ya sin carne.
Vida, te ausentas.
Me dejas -¡Me dejas!-
Y ya.
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