Candida Pedersen
Poeta recién llegado
Ayer jueves, escuché melodías
de alegría, en las sondas de
radio Internacional,y pude darme
cuenta que te quería, y desde
lejos oí al eco de tu voz, dulce
y serena, que me decía: te
espero en la playa blanca y lejana,
para arrullar a nuestra ilusión,
entre mis brazos, y cantar unidos
el imno de la esperanza, junto al
suave murmullo de el viento,
luego te dijé: aún es tiempo, para
vivir y caminar, olvidando el dolor
y la distancia, que un día nos
separó.
Ayer jueves escuché en radio
Internacional, melodías con eternas
alegrías, entonces pensé en ti, y me
dormí en tu recuerdo fugaz, soñándote
encontrar, para volver amar sin
descansar, mientras yo escribía en
la arena: tú y yo, fuimos los primeros
y los últimos románticos, en un
universo de pasión, convirtiendo a tu
vida con la mía, en un hermoso poema
de amor, llevándonos hacer los dueños
de un mundo nuevo, y la semilla de un
futuro limpio y brillante, como las
estrellas, iluminando a la faz de la tierra,
haciéndonos comprender el bien y
dejando atrás al mal, sin miedo que
agite al corazón, dando paz y
tranquilidad a la conciencia.
de alegría, en las sondas de
radio Internacional,y pude darme
cuenta que te quería, y desde
lejos oí al eco de tu voz, dulce
y serena, que me decía: te
espero en la playa blanca y lejana,
para arrullar a nuestra ilusión,
entre mis brazos, y cantar unidos
el imno de la esperanza, junto al
suave murmullo de el viento,
luego te dijé: aún es tiempo, para
vivir y caminar, olvidando el dolor
y la distancia, que un día nos
separó.
Ayer jueves escuché en radio
Internacional, melodías con eternas
alegrías, entonces pensé en ti, y me
dormí en tu recuerdo fugaz, soñándote
encontrar, para volver amar sin
descansar, mientras yo escribía en
la arena: tú y yo, fuimos los primeros
y los últimos románticos, en un
universo de pasión, convirtiendo a tu
vida con la mía, en un hermoso poema
de amor, llevándonos hacer los dueños
de un mundo nuevo, y la semilla de un
futuro limpio y brillante, como las
estrellas, iluminando a la faz de la tierra,
haciéndonos comprender el bien y
dejando atrás al mal, sin miedo que
agite al corazón, dando paz y
tranquilidad a la conciencia.