Corazón Delator
Poeta recién llegado
Ayer soñé
que al despertar
miraba afuera
y estaba lloviendo.
Y esa lluvia
barría las lágrimas
como hojas secas.
Soñé
que el mar embravecido
cubría con sus alas de plata
los barcos de sangre
que navegaban por
sus aguas.
Soñé que una flor
salía cabalgando el viento
hasta posarse
en el pelo de una niña china.
Soñé que sus padres
volvían a abrazarla,
saliendo de la tumba,
como si la Muerte
nunca hubiera tenido
autoridad.
Soñé que las Iglesias
ardían en su propio engaño.
Y que un niño africano
saciaba su hambre
a hostias.
Soñé que el dinero
se convertía en vino blanco.
Y que aquellos que tanto lo buscaron
nadaban borrachos en él.
Muriendo
de la forma más dulce.
Con los ojos cerrados.
Igual que hicieron
en vida.
Soñé que el silencio
invadía los parlamentos.
Callaban los políticos
y la tristeza
ya no cotizaba por interés.
Soñé que las banderas
se pudrían en sus mástiles
y caían al suelo
desnudas e incoloras.
Y al no haber banderas
los pueblos del mundo
derribaban muros
y fronteras.
Soñé que jamás
tendría que volver a llorar
sin siquiera
saber por qué.
Será por respirar
este aire tan viciado
de los sollozos
de los demás.
Soñé que
el suicidio
ya no era
una opción.
Soñé que ya no me sentía
solo.
Corrí a mojarme
en esa lluvia
milagrosa.
Y por primera vez
me sentí completo.
Entonces desperté.
Y volví a llorar.
que al despertar
miraba afuera
y estaba lloviendo.
Y esa lluvia
barría las lágrimas
como hojas secas.
Soñé
que el mar embravecido
cubría con sus alas de plata
los barcos de sangre
que navegaban por
sus aguas.
Soñé que una flor
salía cabalgando el viento
hasta posarse
en el pelo de una niña china.
Soñé que sus padres
volvían a abrazarla,
saliendo de la tumba,
como si la Muerte
nunca hubiera tenido
autoridad.
Soñé que las Iglesias
ardían en su propio engaño.
Y que un niño africano
saciaba su hambre
a hostias.
Soñé que el dinero
se convertía en vino blanco.
Y que aquellos que tanto lo buscaron
nadaban borrachos en él.
Muriendo
de la forma más dulce.
Con los ojos cerrados.
Igual que hicieron
en vida.
Soñé que el silencio
invadía los parlamentos.
Callaban los políticos
y la tristeza
ya no cotizaba por interés.
Soñé que las banderas
se pudrían en sus mástiles
y caían al suelo
desnudas e incoloras.
Y al no haber banderas
los pueblos del mundo
derribaban muros
y fronteras.
Soñé que jamás
tendría que volver a llorar
sin siquiera
saber por qué.
Será por respirar
este aire tan viciado
de los sollozos
de los demás.
Soñé que
el suicidio
ya no era
una opción.
Soñé que ya no me sentía
solo.
Corrí a mojarme
en esa lluvia
milagrosa.
Y por primera vez
me sentí completo.
Entonces desperté.
Y volví a llorar.