Los periódicos se arrastran zarandeados,
por un viento beduino tranochado,
montañas cíclopea de libros abandonados,
que no compra nadie, solos, de polvo cubiertos,
solo las vivarachas cucarachas los repasan.
Las amigas en su café ya no hablan,
sus miradas perdidas, atrapadas en las redes,
esas redes invisibles, llenas de palabras,
palabras digitales, raquíticas y huèrfanas,
huérfanas de luz, huérfanas de calor,
huérfanas de sol y aire, rancias y simplonas.
Los semáforos señalan y hablan,
pero nadie su mirada levanta,
el conductor, el ciclista, el peatón, ya no miran,
no miran la calle, ni los semáforos, ni cruzan
sus miradas, sumergidos navegan,
navegan y navegan en un mar sin puertos,
en un mar sin barcos ni peces,
navegan en un mar muerto.
Ya no se habla, ya no se lee,
ya no se escribe en papel,
solo los calámares usan tinta,
legión de sordos y mudos,
azotados por el viento beduino.
por un viento beduino tranochado,
montañas cíclopea de libros abandonados,
que no compra nadie, solos, de polvo cubiertos,
solo las vivarachas cucarachas los repasan.
Las amigas en su café ya no hablan,
sus miradas perdidas, atrapadas en las redes,
esas redes invisibles, llenas de palabras,
palabras digitales, raquíticas y huèrfanas,
huérfanas de luz, huérfanas de calor,
huérfanas de sol y aire, rancias y simplonas.
Los semáforos señalan y hablan,
pero nadie su mirada levanta,
el conductor, el ciclista, el peatón, ya no miran,
no miran la calle, ni los semáforos, ni cruzan
sus miradas, sumergidos navegan,
navegan y navegan en un mar sin puertos,
en un mar sin barcos ni peces,
navegan en un mar muerto.
Ya no se habla, ya no se lee,
ya no se escribe en papel,
solo los calámares usan tinta,
legión de sordos y mudos,
azotados por el viento beduino.
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