Te instalas al abrigo de mis noches,
como un abismo insondable
que secuestra mi mirada.
Y es que las nostalgias provocan
tormenta de ojos en las sombras,
convirtiendo anhelos en sonrisas.
Mis dedos pintan sueños rebeldes,
preguntas que pueblan de mañanas
el vacío profundo de mi alma,
tu nombre, sosteniendo mi boca,
esperando impaciente tus brazos
donde amanece mi piel entre la brisa,
que llega soplando desde el norte.
Y comienza el clamor de los latidos,
los tuyos, los míos, como un rugir que
se acopla al horizonte y no sabe
de los cuerpos que se tejen, en el tiempo de
un alba sin ocaso, donde solo existen
nuestras manos, y ese azul
donde acampamos.
Ana Mercedes Villalobos
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