Rodwell era un búfalo
que a la pradera
de su niñez regresó.
Las gacelas, los antílopes,
los ñus, las cebras,
le miraban con sorpresa
pues era una especimen
que hacía volver la cabeza.
Llevaba en el cuello
colgada una pandereta,
y en su espalda un banyo
de color amarillo,
junto con un par de platillos.
El flamenco no aguantó la curiosidad
y le preguntó su origen,
su lugar de procedencia,
y si era así, como él, que todos eran.
"Yo soy excepcional,
como mi maestro Pas-Pas,
un canguro rojo con el que tropecé
cuando andaba perdido
siendo yo bebé.
El me cuidó y me enseñó a encontrar
el ritmo en cualquier ocasión.
Mirad, este es su banyo,
que me regaló
cuando le dije
que el mundo quería conocer
y enseñarles a todos mi canción de ley".
"¿Y qué canción es esa?",
dijo un impala
con incredulidad manifiesta.
"Mira y observa".
Y empezó a bailar
moviendo los platillos
a sus cuernos sujetos,
con la pandereta agitándola
estirando su cuello,
mientras que sus patas
tocaban su instrumento
con un ritmo procendente
casi del mismo infierno.
"¡Rumbel, Rumbel,
esta es una melodía salvaje.
Escucha y que entre en tu mente.
Me lo enseñó un canguro,
mi más querido pariente!".
"¡Rumbel, Rumbel,
sacude tus pezuñas;
tus garras encoge.
Siente el temblor de la tierra
con su sonido, Rumbel!".
Y todos contagiados,
empezaron a bailar
e hicieron parejas
de lo más desigual;
hasta la comadreja
danzó con el ratón,
y el león, melindroso,
con el jabalí conectó.
que a la pradera
de su niñez regresó.
Las gacelas, los antílopes,
los ñus, las cebras,
le miraban con sorpresa
pues era una especimen
que hacía volver la cabeza.
Llevaba en el cuello
colgada una pandereta,
y en su espalda un banyo
de color amarillo,
junto con un par de platillos.
El flamenco no aguantó la curiosidad
y le preguntó su origen,
su lugar de procedencia,
y si era así, como él, que todos eran.
"Yo soy excepcional,
como mi maestro Pas-Pas,
un canguro rojo con el que tropecé
cuando andaba perdido
siendo yo bebé.
El me cuidó y me enseñó a encontrar
el ritmo en cualquier ocasión.
Mirad, este es su banyo,
que me regaló
cuando le dije
que el mundo quería conocer
y enseñarles a todos mi canción de ley".
"¿Y qué canción es esa?",
dijo un impala
con incredulidad manifiesta.
"Mira y observa".
Y empezó a bailar
moviendo los platillos
a sus cuernos sujetos,
con la pandereta agitándola
estirando su cuello,
mientras que sus patas
tocaban su instrumento
con un ritmo procendente
casi del mismo infierno.
"¡Rumbel, Rumbel,
esta es una melodía salvaje.
Escucha y que entre en tu mente.
Me lo enseñó un canguro,
mi más querido pariente!".
"¡Rumbel, Rumbel,
sacude tus pezuñas;
tus garras encoge.
Siente el temblor de la tierra
con su sonido, Rumbel!".
Y todos contagiados,
empezaron a bailar
e hicieron parejas
de lo más desigual;
hasta la comadreja
danzó con el ratón,
y el león, melindroso,
con el jabalí conectó.