No maquillaría tanto mi realidad, porque ella nunca se ha visto bien maquillada. Uso las pocas pinturas que realmente forman parte de mi poesía. Lo disfruto. Así nace B.
B
Hay cosas que no entiended, cosas que me gustaría que las entiendas;
pero,
si no lo vas a intentar, será mejor continuar tolerándote y abrazando
nuestras diferencias.
Me conociste danzando en silencio
con las costillas desnudas y sobre trozos de leña usada.
Martillos. Embestías hacia mí aún sabiendo que penetrabas
en la persona más herida que pudieras haber conocido jamás.
Mientras que yo no podría aguantar ni un solo día
en casas que huelen a pollos y ajos tuertos,
con gente que adora golpearnos
los pasados y mis muertos;
tú no soportarías una vida
de viajes descalzos, mochileando, mochileando para nada y para todo,
mordiéndonos las ramas y nuestras almas perdidas.
Te conocí oscureciendo en silencio y, cada vez que estábamos cerca,
bebías mi fuerza. Yo bebía de la tuya. Ebrios y cansados de la vida.
Recitando perros a tu placer a fin de conocer lo que había atrás de ti.
No me molestaba nada. Eras todo y, en el fondo, eras
la misma cosa que
yo.
Lógicamente que con diferentes cuchillos,
diferentes venenos y sistemas,
diferentes destinos por alcanzar.
Al final, somos las mismas piezas.
Somos lo mismo.
Esto lo descubriste en el viaje de regreso y sí me hube dado cuenta.
En medio de tumores. Las carreteras de Perú desaparecieron lentamente.
Entonces,
nos detuvimos,
la luna se calló. Un incendio.
Las ganas de mirarte y quedarme eternamente colgado de tu cuello.
Los niños que ocultábamos, las palabras reales, las horas
en tu computadora, tu familia, mi madre, la ausencia de tu padre,
mi familia...
Hay cosas que no entiendes. Cosas que me gustaría que las entiendas;
pero,
si no lo vas a intentar, será mejor continuar tolerándote y abrazando
nuestras diferencias.