jimbo rimbaud
Poeta recién llegado
Babas del Diablo
Vuelvo de la oficina,
como si llegara del quinto infierno…
desde el vaso al descanso de una cama.
Pienso y trato de adivinar
cómo serán tus movimientos…
en el útero en penumbras
de las sábanas.
El piso de madera marca mis pasos
al compás del viejo piano…
escucho sólo “Baby Live”.
La pandemia de los arrabales
me llevó por los tiempos del morbo,
pero no hay mucho que no haya
perdido en la escuela de la madrugada.
A veces tiemblan mis manos
al acariciar tus senos
bajo el luto de tu lencería.
Y llegando al Oeste…
mil noches veo, llegar el amanecer.
Sabes... me cansé de envejecer
y olvidé en un bar
las fotos de Madrid.
Soy los restos…
de un faraón tercermundista,
no hubo ni para vendas.
Pero en las estaciones
aprendí a comprar emociones.
Mil noches clavé en mis encías
corroídas de nicotina,
cortes de vuelo bajo, rasante.
Hoy viajo por los tubérculos de la ciudad
Esperándote... escribiéndote...
en los subterráneos.
Hace mucho perdí la sonrisa
que cobijaba mi alma,
en la sala de hemodinamia
de un hospital municipal.
Pero la vida es errática,
las babas del diablo…
dibujan tu destino en la brisa.
Un amigo barman… no te sirve ni agua…
Por las calles rotas de mi barrio
mis ojeras azules se derraman
buscando tu sonrisa.
Viniste a poblar mis vacíos
Y sólo sonreíste…
Muchas velas queman
y no dan luz…
Hipotermias de las mañanas
de invierno.
Déjame un beso
antes de colgar el teléfono ,
esta noche, antes de dormir.
Jimbo Rimbaud.
Vuelvo de la oficina,
como si llegara del quinto infierno…
desde el vaso al descanso de una cama.
Pienso y trato de adivinar
cómo serán tus movimientos…
en el útero en penumbras
de las sábanas.
El piso de madera marca mis pasos
al compás del viejo piano…
escucho sólo “Baby Live”.
La pandemia de los arrabales
me llevó por los tiempos del morbo,
pero no hay mucho que no haya
perdido en la escuela de la madrugada.
A veces tiemblan mis manos
al acariciar tus senos
bajo el luto de tu lencería.
Y llegando al Oeste…
mil noches veo, llegar el amanecer.
Sabes... me cansé de envejecer
y olvidé en un bar
las fotos de Madrid.
Soy los restos…
de un faraón tercermundista,
no hubo ni para vendas.
Pero en las estaciones
aprendí a comprar emociones.
Mil noches clavé en mis encías
corroídas de nicotina,
cortes de vuelo bajo, rasante.
Hoy viajo por los tubérculos de la ciudad
Esperándote... escribiéndote...
en los subterráneos.
Hace mucho perdí la sonrisa
que cobijaba mi alma,
en la sala de hemodinamia
de un hospital municipal.
Pero la vida es errática,
las babas del diablo…
dibujan tu destino en la brisa.
Un amigo barman… no te sirve ni agua…
Por las calles rotas de mi barrio
mis ojeras azules se derraman
buscando tu sonrisa.
Viniste a poblar mis vacíos
Y sólo sonreíste…
Muchas velas queman
y no dan luz…
Hipotermias de las mañanas
de invierno.
Déjame un beso
antes de colgar el teléfono ,
esta noche, antes de dormir.
Jimbo Rimbaud.
Última edición por un moderador: