Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Te encanta besar lenguas doradas.
Las dejas introducirse en tu boca
para que recorran tus encías y dientes
y escupan su éxtasis en tu garganta.
Pero son lenguas candentes
que dejan ampollas y ramificaciones de sangre
allá por donde pasan,
como rayos caídos sobre un claro.
Son lenguas zorras, lo sabes,
que han dejado su marca por más cuerpos
de los que se puedan contar;
en todos aquellos que creyeron en su fidelidad.
Baco lujurioso y borracho,
algún día despertarás
cubierto con esas cicatrices multicolores
que apestan a avergüenza y a vómito.
O quizás amanezcas enterrado
bajo tu propia inmundicia
y todos los espejismos
que te han podrido el alma desde las entrañas.
Pero ya sólo queda esperar
y rezar
para que al menos duermas
en la tranquilidad de la ceguera.
Las dejas introducirse en tu boca
para que recorran tus encías y dientes
y escupan su éxtasis en tu garganta.
Pero son lenguas candentes
que dejan ampollas y ramificaciones de sangre
allá por donde pasan,
como rayos caídos sobre un claro.
Son lenguas zorras, lo sabes,
que han dejado su marca por más cuerpos
de los que se puedan contar;
en todos aquellos que creyeron en su fidelidad.
Baco lujurioso y borracho,
algún día despertarás
cubierto con esas cicatrices multicolores
que apestan a avergüenza y a vómito.
O quizás amanezcas enterrado
bajo tu propia inmundicia
y todos los espejismos
que te han podrido el alma desde las entrañas.
Pero ya sólo queda esperar
y rezar
para que al menos duermas
en la tranquilidad de la ceguera.
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