alfanuy
Poeta recién llegado
Baco y Dionisio
Para celebrar la primavera,
una fiesta monté jubilosa
un día, una noche cualquiera;
la verdad, no estaba muy juiciosa.
A Dionisio y Baco invité,
por insistencia de mi amiga,
y ya a la entrada titubeé,
cuando vi a Baco con su barriga.
Llamáronse entre ellos dioses,
(sinceramente, a cuál el más tocado)
Y dijéronse todo el rato entre toses,
que eran dos, pero el mismo perturbado.
Dijéronme que eran uno-dos, ambos,
inspiradores de la ritual locura,
Y lo cierto es que al verlos zambos,
mi amiga me dijo que no tenían cura.
Dijo Baco que era dios patrón de la agricultura,
pero yo lo ví más bien, sembrando la chifladura.
Dionisio tocaba sin parar,
la sonora música del aulós,
diciendo con la mano adiós…
Y yo gritando ¡pero éste a dónde va!
Al final de la fiesta decían,
que de Zeus eran hijos,
y la verdad es que no sabían,
que en realidad eran unos pijos.
Lo cierto es que Dionisio y Baco,
se pasaron de la juerga,
y no nos hizo falta Paco,
para bailar una conga con cuerda.
Debo reconocer que la fiesta fue genial,
todos acabamos borrachos,
acusándonos, de lo más natural
de ¡quién se había comido los nachos!
Dijeron que los tratásemos con respeto,
pues decían que eran dioses vinícolas…
para entonces yo ya decía un “si” escueto,
y ninguno me parecían terrícolas.
Sé que perdí a mi amiga de vista,
en el momento de la noche más cuerdo,
y yo no se como amanecí en la pista…
¡que del resto ya no me acuerdo!