faraón
Poeta recién llegado
Espalda con espalda,
el pino y yo.
Recuesto mis problemas
y cuelgo mis abatidos pies
en alguna rama.
Ah, la paz. Es extraño pero siento
(y me place) que la tosca corteza
se amolda a mi figura. Es extraño, pero
(una vez más) a esta hora de la tarde siento
el peso del pino, casi como si nos
recostáramos mutuamente. Más que confianza,
esto es conciencia. Pues claro, si él también amanece, respira,
crece y ahora conmigo dormita.
¿Quién no necesita un hombro amigo al caer la tarde?
Siempre lo supe.
Percibo la intención del viento de animarte, acariciarte,
darte más vida. Ah, yo conozco de los gustos y placeres del viento.
¿Cómo hacer en estos casos?
Tú, pino, con tu carácter impasible y orgulloso,
te empeñas en no moverte un centímetro
y en tu afán de detener el capricho loco del viento
derramas hojas en señal de que te duele luchar,
pero creo que en otoño te esfuerzas demasiado.
Loco afán, locas manos, ávidos y groseros suspiros emites, viento,
en época de tormenta
hasta hacer a mi amigo bailar
¡Cuántas ramas le haces perder por saciar tu naturaleza libre y rebelde!
Pero, amigo mío, sigues aquí como siempre.
Y sé que en el fondo adoras que el viento venga
a sacarte las hojas muertas del pelo,
de eso depende mucho tu hermosura Y el viento lo sabe,
pues regresa cada tarde como un recuerdo que ha anidado en tus raíces.
¡Tienes mucho del viento, pino amigo!
Pues comparten la altura y son perfectos compañeros de baile.
A cada paso y zarpazo perfumas sus manos y su vientre,
entre abrazos obedientes que parecen humanos.
¡Danza, pino! ¡Danza como nunca antes!
¡Tu naturaleza te marca pero no te condena!
Danza y mañana relátame tu aventura.
Háblame de tus primeros pasos y
cántame los últimos.
¡Canta! ¡Háblame y vuelve a cantar!
¡Canta! ¡Háblame! ¡Danza!
Cuéntame del baile, del amor y del viento
el pino y yo.
Recuesto mis problemas
y cuelgo mis abatidos pies
en alguna rama.
Ah, la paz. Es extraño pero siento
(y me place) que la tosca corteza
se amolda a mi figura. Es extraño, pero
(una vez más) a esta hora de la tarde siento
el peso del pino, casi como si nos
recostáramos mutuamente. Más que confianza,
esto es conciencia. Pues claro, si él también amanece, respira,
crece y ahora conmigo dormita.
¿Quién no necesita un hombro amigo al caer la tarde?
Siempre lo supe.
Percibo la intención del viento de animarte, acariciarte,
darte más vida. Ah, yo conozco de los gustos y placeres del viento.
¿Cómo hacer en estos casos?
Tú, pino, con tu carácter impasible y orgulloso,
te empeñas en no moverte un centímetro
y en tu afán de detener el capricho loco del viento
derramas hojas en señal de que te duele luchar,
pero creo que en otoño te esfuerzas demasiado.
Loco afán, locas manos, ávidos y groseros suspiros emites, viento,
en época de tormenta
hasta hacer a mi amigo bailar
¡Cuántas ramas le haces perder por saciar tu naturaleza libre y rebelde!
Pero, amigo mío, sigues aquí como siempre.
Y sé que en el fondo adoras que el viento venga
a sacarte las hojas muertas del pelo,
de eso depende mucho tu hermosura Y el viento lo sabe,
pues regresa cada tarde como un recuerdo que ha anidado en tus raíces.
¡Tienes mucho del viento, pino amigo!
Pues comparten la altura y son perfectos compañeros de baile.
A cada paso y zarpazo perfumas sus manos y su vientre,
entre abrazos obedientes que parecen humanos.
¡Danza, pino! ¡Danza como nunca antes!
¡Tu naturaleza te marca pero no te condena!
Danza y mañana relátame tu aventura.
Háblame de tus primeros pasos y
cántame los últimos.
¡Canta! ¡Háblame y vuelve a cantar!
¡Canta! ¡Háblame! ¡Danza!
Cuéntame del baile, del amor y del viento
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