Baile de Hadas

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Cuando la noche teje su manto de terciopelo y el bosque guarda su aliento,
nacen las hadas de los suspiros de la tierra.
Ellas, ligeras como un sueño, danzan sobre la hierba
y en sus pies desnudos llevan el rocío de las estrellas.
Sus risas son hilos de plata que atraviesan el aire,
y el mundo parece inclinarse para escucharlas.

Bajo la luz lunar, que es su farol y su aliada,
dibujan círculos invisibles que el alma puede sentir,
pero nunca atrapar.
Cada movimiento suyo es un poema que el viento recita,
y cada giro, un pétalo que cae de un jardín celestial.

Ellas no tienen prisa; sus minutos son eternidades.
El reloj de su mundo lo marcan los latidos de las hojas,
el murmullo del río y el palpitar de las luciérnagas.
Danzan para sí mismas,
como si nadie las mirara,
como si su gozo fuera la única verdad del universo.

Pero quien tiene el alma pura y los ojos despiertos,
puede verlas, aunque sea por un instante,
y ese instante se graba en el corazón
como un recuerdo de algo que siempre fue nuestro,
pero habíamos olvidado.

El baile de las hadas no es solo suyo;
es una invitación secreta,
un susurro en el alma que dice:
“Ven, deja tus cadenas y sé ligero como nosotras.
Danza con la noche, canta con el silencio,
sé parte del milagro que nunca termina.”

Y cuando el primer rayo del alba se asoma,
ellas desaparecen, no porque huyan,
sino porque se funden con la luz,
como el amor que nunca deja de ser,
aunque no siempre podamos verlo.
 
Cuando la noche teje su manto de terciopelo y el bosque guarda su aliento,
nacen las hadas de los suspiros de la tierra.
Ellas, ligeras como un sueño, danzan sobre la hierba
y en sus pies desnudos llevan el rocío de las estrellas.
Sus risas son hilos de plata que atraviesan el aire,
y el mundo parece inclinarse para escucharlas.

Bajo la luz lunar, que es su farol y su aliada,
dibujan círculos invisibles que el alma puede sentir,
pero nunca atrapar.
Cada movimiento suyo es un poema que el viento recita,
y cada giro, un pétalo que cae de un jardín celestial.

Ellas no tienen prisa; sus minutos son eternidades.
El reloj de su mundo lo marcan los latidos de las hojas,
el murmullo del río y el palpitar de las luciérnagas.
Danzan para sí mismas,
como si nadie las mirara,
como si su gozo fuera la única verdad del universo.

Pero quien tiene el alma pura y los ojos despiertos,
puede verlas, aunque sea por un instante,
y ese instante se graba en el corazón
como un recuerdo de algo que siempre fue nuestro,
pero habíamos olvidado.

El baile de las hadas no es solo suyo;
es una invitación secreta,
un susurro en el alma que dice:
“Ven, deja tus cadenas y sé ligero como nosotras.
Danza con la noche, canta con el silencio,
sé parte del milagro que nunca termina.”

Y cuando el primer rayo del alba se asoma,
ellas desaparecen, no porque huyan,
sino porque se funden con la luz,
como el amor que nunca deja de ser,
aunque no siempre podamos verlo.
Veo que en cada línea va dejando pasión, amor y constancia.
Muy buen trabajo.

Saludos
 
Cuando la noche teje su manto de terciopelo y el bosque guarda su aliento,
nacen las hadas de los suspiros de la tierra.
Ellas, ligeras como un sueño, danzan sobre la hierba
y en sus pies desnudos llevan el rocío de las estrellas.
Sus risas son hilos de plata que atraviesan el aire,
y el mundo parece inclinarse para escucharlas.

Bajo la luz lunar, que es su farol y su aliada,
dibujan círculos invisibles que el alma puede sentir,
pero nunca atrapar.
Cada movimiento suyo es un poema que el viento recita,
y cada giro, un pétalo que cae de un jardín celestial.

Ellas no tienen prisa; sus minutos son eternidades.
El reloj de su mundo lo marcan los latidos de las hojas,
el murmullo del río y el palpitar de las luciérnagas.
Danzan para sí mismas,
como si nadie las mirara,
como si su gozo fuera la única verdad del universo.

Pero quien tiene el alma pura y los ojos despiertos,
puede verlas, aunque sea por un instante,
y ese instante se graba en el corazón
como un recuerdo de algo que siempre fue nuestro,
pero habíamos olvidado.

El baile de las hadas no es solo suyo;
es una invitación secreta,
un susurro en el alma que dice:
“Ven, deja tus cadenas y sé ligero como nosotras.
Danza con la noche, canta con el silencio,
sé parte del milagro que nunca termina.”

Y cuando el primer rayo del alba se asoma,
ellas desaparecen, no porque huyan,
sino porque se funden con la luz,
como el amor que nunca deja de ser,
aunque no siempre podamos verlo.
Me encantó. Felicidades
Amarilys
 

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