Bajo el cielo

Von Lioncourt

Poeta recién llegado
Estoy sentada bajo el consuelo de un gris cielo
con las estrellas en mis manos, escapando a la aurora,
con la luna tan presente y tan ausente, pero ella, sin embargo,
lo que yo no puedo, cuando quiera vendrá a verle.

Y estoy sentada como víctima de los deseos del tiempo
coloreando blanco y negro mi sonrisa,
mientras que su nombre vuelto plata, corre por los ríos
de mi sangre que me bebo cual vieja cosecha de su vino.

La noche cae y se levanta en el cementerio en el que
mi vida se detiene, donde el silencio sostiene a mi piel
y los poros de mis huesos subliman el hedor de un
corazón muerto.

Vehementes figuraciones degustando al paladar de mi locura,
mi mente se ha inoculado de la finura de su rostro deslumbrante;
azul es el pigmento de los campos a su sombra
azul es el pigmento de los mares donde mi sed se desahoga.

No existe día que anhele retornable,
sumida en la espuma de delicias de la muerte;
exquisitos besos de la lluvia tan adversos
con el sinsabor de la traición de mi nostalgia.

Estoy sentada bajo el reproche de un gris cielo
por un pacto no cumplido, de mirarnos tiernos y abrazados
a las vivas formas sin igual que los cuerpos aguardaban;

el reproche, y es que no era mi intención
la de desilusionarnos, porque sabemos ya, querido hielo de los sueños,
cuánto daño el sol nos hizo, y que ahora
ya no queda más que el suicidio al mirarlo derramado
de la copa de mi sórdida existencia.
 
Bajo ese cielo mustìo de caricias has logrado un poema hermosamente nostàlgico, donde el desengaño es el protagonista.
estrellas y un abrazo.:)





Dianinnä von Lioncourt;1531009 dijo:
Estoy sentada bajo el consuelo de un gris cielo
con las estrellas en mis manos, escapando a la aurora,
con la luna tan presente y tan ausente, pero ella, sin embargo,
lo que yo no puedo, cuando quiera vendrá a verle.

Y estoy sentada como víctima de los deseos del tiempo
coloreando blanco y negro mi sonrisa,
mientras que su nombre vuelto plata, corre por los ríos
de mi sangre que me bebo cual vieja cosecha de su vino.

La noche cae y se levanta en el cementerio en el que
mi vida se detiene, donde el silencio sostiene a mi piel
y los poros de mis huesos subliman el hedor de un
corazón muerto.

Vehementes figuraciones degustando al paladar de mi locura,
mi mente se ha inoculado de la finura de su rostro deslumbrante;
azul es el pigmento de los campos a su sombra
azul es el pigmento de los mares donde mi sed se desahoga.

No existe día que anhele retornable,
sumida en la espuma de delicias de la muerte;
exquisitos besos de la lluvia tan adversos
con el sinsabor de la traición de mi nostalgia.

Estoy sentada bajo el reproche de un gris cielo
por un pacto no cumplido, de mirarnos tiernos y abrazados
a las vivas formas sin igual que los cuerpos aguardaban;

el reproche, y es que no era mi intención
la de desilusionarnos, porque sabemos ya, querido hielo de los sueños,
cuánto daño el sol nos hizo, y que ahora
ya no queda más que el suicidio al mirarlo derramado
de la copa de mi sórdida existencia.
 

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