Escapo moribundo de este fuego inerte,
Fuego que consume mis pasiones y mis deseos,
Poseídos por penumbras que iluminan mi dolor
Y acarician mi llanto en medio de esta agonía.
Escucho el eco de tu voz en mi inconsciente,
Incapaz de encontrar mis lamentos desorientados,
Ambiguos de amores ilusos convertidos en cenizas
Que ignoran por completo la frágil realidad.
Inhalo mi último respiro delirante,
Encadenado a desaparecer fugazmente,
Como la sonrisa indiferente de quien no ama,
Como la vida absurda de quien lo hace
Y no vive para anhelarla.
La ironía de esta insensatez,
Soportara los tenues destellos,
Que pronto se esconderán en ti
Y te protegerán como deidades,
Que lucharan por despertar
Tu ciego corazón.
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