acontista1967
Poeta recién llegado
Si te hubieras marchado tras el gato que duerme en mi sillón
Cuando entraba sangrando en las fauces sin fondo de la noche jaspeada,
Quizás me habrías perdido.
Pero hallaste mi signo en las copiosas páginas de tus sinuosos sueños,
Y después revolviste tu sombra en mis cenizas,
Como ayer el caballo cuando buscaba el fuego de la noche anterior.
Un camino plateado que partía de tus ojos
Te trajo a mí una tarde,
Y mi camisa se lavó en tu llanto;
Sus flores estampadas se abrieron para ti,
Y al fondo un fruto rojo se le ofreció a tus labios.
Te creí la doncella abisinia que tañía el dulcémele de Coleridge
En el regio palacio de su sueño.
Mas sólo eres ahora nostalgia y humedad,
Y el hedor, y el frio inane de un espectro que tiembla
bajo el sauce llorón que cabecea en la tarde,
Más allá del lindero de esa parte de mí que se ha extinguido.
Cuando entraba sangrando en las fauces sin fondo de la noche jaspeada,
Quizás me habrías perdido.
Pero hallaste mi signo en las copiosas páginas de tus sinuosos sueños,
Y después revolviste tu sombra en mis cenizas,
Como ayer el caballo cuando buscaba el fuego de la noche anterior.
Un camino plateado que partía de tus ojos
Te trajo a mí una tarde,
Y mi camisa se lavó en tu llanto;
Sus flores estampadas se abrieron para ti,
Y al fondo un fruto rojo se le ofreció a tus labios.
Te creí la doncella abisinia que tañía el dulcémele de Coleridge
En el regio palacio de su sueño.
Mas sólo eres ahora nostalgia y humedad,
Y el hedor, y el frio inane de un espectro que tiembla
bajo el sauce llorón que cabecea en la tarde,
Más allá del lindero de esa parte de mí que se ha extinguido.
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