Bajo el sol radiante, altanero y fuerte,
la Araucaria, gran rey del altiplano,
con ese porte majestuoso y arcano,
desafía su destino y a la muerte.
En su dura corteza se ve un quererte
grabado a mano en el tiempo cercano;
en su fresca sombra, duerme el verano,
y el trino amable del ave sonriente.
Oh, monumento de la vida pura,
tu imagen en la bruma se dibuja,
al viento que acaricia tu figura.
Gigante que con los siglos perdura,
entre el ropaje de tus verdes hojas
y el linaje noble de tu apostura.
la Araucaria, gran rey del altiplano,
con ese porte majestuoso y arcano,
desafía su destino y a la muerte.
En su dura corteza se ve un quererte
grabado a mano en el tiempo cercano;
en su fresca sombra, duerme el verano,
y el trino amable del ave sonriente.
Oh, monumento de la vida pura,
tu imagen en la bruma se dibuja,
al viento que acaricia tu figura.
Gigante que con los siglos perdura,
entre el ropaje de tus verdes hojas
y el linaje noble de tu apostura.