Las nubes se han caído sobre el río,
parece hasta más grande,
todo es paz y misterio
bajo la bóveda celeste, ornada
por trémulos diamantes;
¡cuánta frescura de soledad viva!
Son horas de quietud,
de aromas soñolientos que no veo
y de misterios, donde
huele a versares viejos,
a noches nostálgicas
de amor en otros tiempos al amparo
de la dama de blanco
con sus besos de plata.
Hondo está aquí el silencio,
sólo la triste y sola soledad
que todo lo comparte, me acompaña
muda mientras no pienso.
Marchan las nubes sin tocar el suelo,
todo empieza a ser flor
en la noche que acaba,
y a lo invisible que yo no veía;
flores, aromas y sombrío enigma,
llegan coloridos besos
de la dulce alborada,
orlando las montañas y los árboles
y al río cristalino
en un amanecer nuevo.
Luis