Septiembre, 15, invierno de 1998
De paseo por las calles adoquinadas de arena, con la brisa olorosa a salitre y el vino diáfano venido de las nubes, iban los amantes. El chasquido de la lluvia entre los árboles y los tejados, alucinante melodía que los invitaba a ir a paso lento.
—Te casarías conmigo? —murmuró ella.
Él, atónito, la miró en silencio.
Sentados sobre la arena, él fijó su mirada en ella.
—Porqué bromeaste con algo tan serio? Te lo he pedido tantas veces y siempre tienes una excusa.
—Nunca había hablado tan en serio —dijo ella.
Después de un breve silencio la besó.
—Sí —dijo entonces.
—No —respondió ella. Un sí tardío. Debes responder con celeridad.
—Estaré en vela por si acaso. —dijo él.
Un año más tarde, vino el adiós repentino.
4 de abril, 2013
De paseo por las calles adoquinadas de arena, con la brisa olorosa a salitre y el vino diáfano venido de las nubes, iban los amantes. El chasquido de la lluvia entre los árboles y los tejados, alucinante melodía que los invitaba a ir a paso lento.
—Te casarías conmigo? —murmuró ella.
Él, atónito, la miró en silencio.
Sentados sobre la arena, él fijó su mirada en ella.
—Porqué bromeaste con algo tan serio? Te lo he pedido tantas veces y siempre tienes una excusa.
—Nunca había hablado tan en serio —dijo ella.
Después de un breve silencio la besó.
—Sí —dijo entonces.
—No —respondió ella. Un sí tardío. Debes responder con celeridad.
—Estaré en vela por si acaso. —dijo él.
Un año más tarde, vino el adiós repentino.
4 de abril, 2013