Bajo los efectos del alcohol.

dark-maiden

Poeta fiel al portal
A altas horas de la noche,
cuando el jolgorio
se confunde con los llantos
de un funeral.
El olor al alcohol se confunde
con el hedor de la muerte.

Paseaba tranquilamente,
con la inspiración en mi mente,
y un puñado de euros sueltos
en los bolsillos.

Un joven tan resplandeciente
como la luna de esa noche,
me ofreció una gran cantidad
de dinero.
Lo aparté diciéndole,
que yo no era la clase
de mujer que el creía.
El joven sonrojado se disculpó
y se retiró.

Como era de noche,
tenía dinero,
y la soledad me hiba
tocando por el camino.
Cogí al joven del brazo,
y me lo llevé conmigo.

Entramos en una taberna,
y al compás de las copas
alzándose y golpeándose,
comenzó una bonita unión,
de una aburrida noche
de invierno,
refugiándome en el alcohol.

Lo deleité con mis historias,
con una copa de whiskey
a mi lado, y cuando el
encuentro hubo terminado,
mis cinco euros no podían
pagar lo gastado.

Sigilosamente, lo conducí
hasta la puerta, huyendo
bajo las risas de los borrachos.

Parece que alguien se dió cuenta,
de que nos escapábamos sin
pagar la cuenta.

Como si del caballo de Atila
se tratara, corrimos formando
un huracán a nuestro paso.

El tabernero enfurecido,
corría hasta nosotros
con una botella de ron
en la mano.
¡Como debe ser!

Cuando el hombre parecía
que daba por perdida
la persecución, salimos del portal
donde nos encontrábamos los dos.

Mi cabeza no daba para recuerdos,
ni siquiera sabía donde se encontraba
mi casa, perdida en la oscuridad
de las calles, en una noche de
invierno y de alcohol.

Le alquilé un lecho al joven
por la gran recompensa
de un beso.

Él accedió conduciéndome
al salón.
-Yo pensaba que híbamos
a compartir la misma
habitación- le respondí,
soltando una carcajada
manipulada por el alcohol.
-Eso sería si en vez de un
beso me hubieras dado dos-
me respondió con una
mirada pícara fruto
del alcohol.

Yo me abracé a él,
y con unas ansias
incontrolables le besé
hasta que me faltaba
la respiración.

-¿Para cuántas noches,
mi amor?- Le susurré.
-Hasta que deje de llover-
con seriedad me respondió.

Y esta es la pícara historia,
de una noche que empieza
decayendo por el abrazo
de la soledad, y termina
floreciendo bajo el efecto
del alcohol.
 

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