Bajo los faros de la vieja ciudad,
donde nunca quiero estar,
donde las personas vienen y van como olas en el mar.
Me siento en aquel banco roto al lado de la iglesia, en soledad,
mientras pienso que todo está perdido contemplando este paisaje surreal.
Uno... dos tres... Cuatro
Las personas pasan al azar,
yo me mantengo descontento sin mirar,
sin una mirada desdeñosa no puedo caminar.
Y voy entre las masas sin caras: todos me parecen igual,
después de un tiempo no los puedo diferenciar,
quisiera poder sus mascaras arrancar:
ver detrás de su oscuro antifaz.
Las masas desagradables se mueven sin parar,
yo voy con ellos,
me muevo con ellos,
¡Quisiera no ser como ellos!
Voy afligido,
deseando la soledad,
odiando ver edificios y puentes y carreteras y tiendas,
deseando la oscuridad.
Bajo los faros de la vieja ciudad,
donde mi corazón se rehúsa a estar,
donde mis emociones gritan sin parar
donde nunca quiero estar,
donde las personas vienen y van como olas en el mar.
Me siento en aquel banco roto al lado de la iglesia, en soledad,
mientras pienso que todo está perdido contemplando este paisaje surreal.
Uno... dos tres... Cuatro
Las personas pasan al azar,
yo me mantengo descontento sin mirar,
sin una mirada desdeñosa no puedo caminar.
Y voy entre las masas sin caras: todos me parecen igual,
después de un tiempo no los puedo diferenciar,
quisiera poder sus mascaras arrancar:
ver detrás de su oscuro antifaz.
Las masas desagradables se mueven sin parar,
yo voy con ellos,
me muevo con ellos,
¡Quisiera no ser como ellos!
Voy afligido,
deseando la soledad,
odiando ver edificios y puentes y carreteras y tiendas,
deseando la oscuridad.
Bajo los faros de la vieja ciudad,
donde mi corazón se rehúsa a estar,
donde mis emociones gritan sin parar