Camy
Camelia Miranda
Y me recibiste,
con tu voz que no olvido
y el licor de tus manos,
con una promesa
en la senda de tu risa
y una flor misionera.
Respiro ahora tu mismo aire,
el de tu tierra;
de atardeceres rosas,
justo saliendo la brisa del invierno,
que por primera vez
tocaba mi rostro.
Y el otoño nos acoge
sembrando cosas nuevas,
con agasajos portando letras,
y el voto de tus dones
que llenaron nuestro jardín
de multicolores formas.
Llevándome en tus bolsillos
e izando banderas
en cada puerto prometido.
Bajo tu mismo cielo,
me embriago con su viento,
mitigo la nostalgia del exilio,
mientras me enamoran sus rincones.
Abrazando a cada instante
el viaje de nuestras miradas;
con prendas de aguamieles,
un sendero de vírgenes besos,
una góndola para nuestro lago….
Sé que seguirán las flores,
con todas sus bellas revelaciones,
porque más allá de tus ojos,
es tu ofrenda,
que me llena cada día
y con ella,
la felicidad en mi vida.
con tu voz que no olvido
y el licor de tus manos,
con una promesa
en la senda de tu risa
y una flor misionera.
Respiro ahora tu mismo aire,
el de tu tierra;
de atardeceres rosas,
justo saliendo la brisa del invierno,
que por primera vez
tocaba mi rostro.
Y el otoño nos acoge
sembrando cosas nuevas,
con agasajos portando letras,
y el voto de tus dones
que llenaron nuestro jardín
de multicolores formas.
Llevándome en tus bolsillos
e izando banderas
en cada puerto prometido.
Bajo tu mismo cielo,
me embriago con su viento,
mitigo la nostalgia del exilio,
mientras me enamoran sus rincones.
Abrazando a cada instante
el viaje de nuestras miradas;
con prendas de aguamieles,
un sendero de vírgenes besos,
una góndola para nuestro lago….
Sé que seguirán las flores,
con todas sus bellas revelaciones,
porque más allá de tus ojos,
es tu ofrenda,
que me llena cada día
y con ella,
la felicidad en mi vida.